03/21/2025
Raúl Jiménez fue un nombre que retumbaba en Inglaterra. No era promesa, era realidad. El delantero mexicano que se codeaba con los mejores, marcando goles como quien respira. Pero entonces, el destino, disfrazado de David Luiz, le metió un cabezazo que le fracturó algo más que el cráneo: le quebró la carrera.
Lo que siguió fue una caída lenta y dolorosa. Volvió a las canchas, sí, pero ya no era el mismo. Sus movimientos eran mecánicos, su instinto apagado. Pasó de figura a estorbo, de orgullo nacional a meme ambulante. Fue al Mundial de 2022 como esos jugadores que uno convoca por compromiso, no por rendimiento. Nadie lo entendió. Muchos lo odiaron.
Y sin embargo, aquí estamos, años después, viendo cómo ese hombre —el que todos dimos por liquidado— volvió. Sin reflectores. Sin promesas. Solo con fútbol.
La vida a veces te lleva al fondo solo para ver si aún sabes nadar. Raúl nadó. Y ahora vuelve a flotar donde una vez reinó.