27/01/2025
La ganadería uruguaya y la quiebra de grandes fondos de inversiones 🇺🇾.
La quiebra de los principales fondos ganaderos de inversión, ha corroborado que la rentabilidad que se ofrecía por los mismos estaba muy lejos de la realidad y que quienes desconfiaban de estos productos no estaban para nada errados.
Durante la última década muchos productores ganaderos se preguntaban como estos fondos de inversión podían garantizar intereses entre el 8 y 12% pagando rentas que superaban los U$ 100/ha y que además la ganadería uruguaya debe lidiar con altos costos productivos y un permanente atraso cambiario, un coctel ideal para generar una baja rentabilidad.
Por otra parte, los mencionados fondos provocaban en buena medida el mismo efecto que causan la llegada de capitales golondrinas a la ganadería, distorsionado el mercado por el aumento desmedido del valor de los campos, arrendamiento de los mismos, como también inexplicables aumentos en los valores de la reposición, que de por sí estaban muy por encima que los valores del gordo, causando una ecuación negativa en la rentabilidad de un engorde.
El resultado de estos fondos por la manera poco seria que lo venían desarrollando con capitales provenientes de otros rubros, impulsaron los valores de los campos y ganados de reposición fuera de toda lógica, generando así una búrbuja en el sector.
Invertir en campo o ganado tuvo su apogeo a comienzo de la década del 2000, cuando el Uruguay sufrió 2 grandes crisis, la financiera por el corralito y la crisis ganadera por los brotes de fiebre aftosa, la que ingresó por Brasil, causando una caída sin precedentes en el valor de los campos y ganados.
A partir al 2002 hubo un sinceramiento de la economía uruguaya, el gobierno de turno tuvo que apelar al FMI para evitar entrar en «default», por lo cual, los valores de los campos, los alquileres de los mismos y los valores del ganado se sufrieron una estrepitosa caída, generando muchas dificultades para recuperar los créditos otorgados en los años anteriores.
Durante estos años, los valores de los campos cayeron a U$ 300 la ha, e incluso hubo campos que se vendieron por debajo de U$ 200 la Ha.
La crisis financiera y sanitaria instalada en el Uruguay durante el 2002, aumentó la oferta de campos en venta y en alquiler, estos últimos, siendo campos de mediana productividad su alquiler anual se ubicaba en un promedio de U$ 25 la Ha, por año. A esto se le debía sumar el costo de la sanidad y el cuidado, lo que finalmente determinaba un codto total de unos U$ 50 por animal, por año.
Corresponde informar que en campos con IC (Índice Coneat) 100, que es mediana productividad, donde generalmente se ponía un vacuno por Ha, tomando el precio de aquellos años que era de U$ 1/kg en pie, este aumentaba un promedio de 120 kg durante el período de un año. Si el proyecto de inversión ofrecido era por 1 año, dicho animal comprado con 200 kg en un valor de U$ 200, al cual se le debía sumar los U$ 50 que abarcaba los costos de renta, cuidado y sanidad durante el año, la inversión completaba U$ 250 por vacuno. Finalmente este salía luego de transcurrido el períofo año con 320 kg, en un valor de U$ 320, es decir, que al venderlo este dejaba una ganancia de U$ 70 libre por animal, resultado de los U$ 320 menos los U$ 250 invertidos por animal, lo que determina una rentabilidad neta del 28% (en dólares), superando ampliamente los intereses ofrecidos por el sistema financiero de la época, el cual ofrecía 1% anual en plazo fijo y con una imagen muy deteriorada por el corralito financiero.
Corresponde informar que un campo y ganado bien manejado en Uruguay, siempre y cuando no ocurran situaciones climáticas extremas, o brotes de enfermedades infecciosas, la mortandad difícilmente supere el 1%, por lo cual la rentabilidad detallada en esos años no registraría cambios sustanciales.
Con estos números sobre la mesa, los fondos de inversión que fueran ordenados y les brindara garantías a sus inversores, adquiriendo los ganados a nombre de ellos y que el fondo actuara como un gestor encargado de comprar, cuidar y vender el ganado, las rentabilidades eran por demás positivas, volviendo a hacer hincapié que por esos años el único banco que quedó operativo en Uruguay fue el BROU, quien ofrecía anualmente a plazo fijo solo 1%.
Las causas del problema y de la crisis actual de los fondos de inversión ganaderos.
A partir del 2004, la economía uruguaya comenzó paulatinamente a recuperarse luego de la aftosa y corralito del 2001 - 2002.
Esa recuperación comenzó a tener un fuerte impulso con la llegada de capitales extranjeros que veían en Uruguay un país que cumplía con sus compromisos económicos, políticamente estable y en él, la gran oportunidad de adquirir o alquilar tierras fértiles para desarrollar la ganadería o agricultura a precios muy razonables, fue así que comenzaron a surgir varios fondos de inversiones, al mismo tiempo que Conexión Ganadera fundada en 1999 registraba un crecimiento constante, lo que abría el interés de crear otros fondos. Estos abarcaban distintas modalidades en los productos, algunos optaban por hacer cría, otros recría y otros engorde.
Con el paso de los años los valores de los campos y alquileres de los mismos comenzaron a dispararse, llegando a alcanzar promedios de venta en el 2007 de U$ 3.600 la Ha y los alquileres de U$ 25/Ha que se pagaban en el 2002, a partir del 2007 se ubicaban entre U$ 80 y 120 por Ha, razón por lo cual la rentabilidad que se generaba entre el 2002 y 2004 registraban año tras año constantes caídas.
La actividad ganadera desarrollada en campos naturales, no permite pagar más de U$ 70/Ha si se quiere lograr rentabilidad y ofrecer un interés entre 3 a 5% a un inversor. Cuando se paga entre U$ 100 y 120/Ha difícilmente se logre una rentabilidad que permita atraer a un inversor, ya que además hay que agregar costos sanitarios y de cuidado, que al igual que el arrendamiento aumentaron considerablemente desde el 2004.
Lo grave de esta situación es que los dueños y administradores de estos fondos no tuvieron la honestidad de cerrarlos en su debido momento, viendo que la rentabilidad era inexistente, comprometiendo el capital invertido por los inversores.
La ganadería uruguaya tiene sus problemas, que no son menores.
En primer lugar, por su alto nivel de producción depende en gran medida de los valores que establecen los mercados internacionales, Uruguay exporta más del 70% de su producción de carne vacuna.
En segundo lugar, los altos costos productivos e impositivos le quita competitividad frente a otros países y le resta viabilidad al negocio.
En tercer lugar, su población en los últimos años perdió poder adquisitivo (poder de compra), lo que generó también una caída del 20% en su consumo interno de carne vacuna.
En resumen, la crisis de los fondos de inversión ganaderos era predecible, para quienes están en el rubro, sorprende que hayan durado tanto tiempo.
Provablemente existió complicidad de aquellos que quieren dar una imagen de crecimiento y positivismo desmesurado por intereses políticos o empresariales. Estos fondos daban una imagen ficticia de crecimiento, lo que beneficiaba a algunos. Todos aquellos que sin analizar ni investigar se embarcaron en estos fondos hoy lamentablemente se ven en el Titanic.
Más de 600 millones de dólares perdidos, con poca posibilidades de recuperarlos.
La ganadería desde hace varias décadas es una actividad más pasional que rentable para el productor ganadero, no por casualidad en los últimos 50 años, más del 53% de la superficie del territorio cambió de dueño y en algunos casos más de 4 veces.
No todo lo que brilla es oro.