05/07/2026
Hoy tuve una experiencia muy bonita al compartir con parte del equipo de Grupo León la oportunidad de disfrutar juntos de Toy Story 5.
Honestamente, más que una película, me pareció una hermosa reflexión sobre uno de los temas más importantes de nuestra época: el balance.
A través de la historia, vemos cómo los niños de hoy viven entre los juguetes y la tecnología, entre las experiencias reales y las pantallas. Y me hizo pensar en la gran responsabilidad que tenemos como padres y como sociedad de encontrar ese equilibrio. La tecnología llegó para quedarse y tiene enormes beneficios, pero no debe reemplazar las experiencias que ayudan a nuestros hijos a crecer emocional y socialmente.
Como niña, tuve el privilegio de crecer sin estar expuesta a la tecnología como la conocemos hoy. Parte de mis veranos transcurrían en nuestra casa de Dorado, donde pasaba horas jugando al aire libre. Recuerdo con mucho cariño juegos como un, dos, tres, pescao, Simón dice, La peregrina, jacks, chico paralizado, tirítapate y muchos otros que llenaban nuestros días de risas. Corríamos, montábamos bicicleta y compartíamos con nuestros amigos hasta que llegaba la hora de regresar a casa. Esas vivencias no solo nos entretenían; también nos enseñaban a convivir, a resolver conflictos, a trabajar en equipo, a desarrollar nuestra imaginación y a construir amistades que, en muchos casos, perduran toda la vida.
La película también toca un tema muy vigente: el impacto de las redes sociales y el bullying. Un comentario hiriente, una burla o una publicación pueden afectar profundamente a una persona. Es un recordatorio de la importancia de enseñar empatía, respeto y responsabilidad en todo lo que hacemos y decimos, tanto dentro como fuera del mundo digital.
Otro aspecto que me conmovió fue el papel de los padres. Muchas veces, las responsabilidades del trabajo nos absorben tanto que, sin darnos cuenta, dejamos de percibir cómo realmente se sienten nuestros hijos. Es fundamental cultivar una relación cercana, escucharlos, dedicarles tiempo de calidad y crear un ambiente donde siempre se sientan seguros para expresar sus emociones y hablar de cualquier tema.
Me encantó haber compartido esta experiencia con parte de nuestro equipo. A veces, una buena película tiene el poder de abrir conversaciones profundas y recordarnos que el verdadero desarrollo no solo depende de la tecnología, sino también de los valores, de las relaciones humanas y del tiempo que dedicamos a quienes más amamos.
Sin duda, la recomiendo. Salí del cine convencida de que el mejor regalo que podemos darles a nuestros hijos no es la última pantalla o el dispositivo más moderno, sino nuestra presencia, nuestro ejemplo y la oportunidad de vivir experiencias reales que fortalezcan su carácter, su capacidad de amar y la alegría de compartir con los demás.