12/07/2018
“Mi padre es mi perfecto imperfecto, lo amo y admiro mucho al igual que a mi madre, ellos son ejemplo de trabajo y esfuerzo.
Mi padre es Don Fernando, un señor con valores y entregado a su singular oficio.
Lo amo y me llena de orgullo ser su hija, no llevo su sangre en mis venas, es lo de menos, es mi padre desde que tengo uso de razón.
Me encanta verlo sonreír todas las mañanas cuando grita: ¡kiiiiibiiiiis, haaay kiiiibiiis!!!
El empezó hace unos meses a vender kibis (bocadillo hecha de trigo y carne, acompañado de cebollita picada y chiles asados), años atrás fue contador público en CANACINTRA (Cámara Nacional de la Industria de la Transformación). La nueva administración evitó que se jubilara. A cambio lo despidieron, eso lo devastó.
Empezó a realizar trabajitos en el deportivo de una empresa telefónica, hizo un par de años ahí. Su edad ya no lo ayudaba y por lo mismo fue dado de baja.
Luego consiguió empleo en una gasolinera. Duró ahí cerca de tres años, a pesar de ser un trabajo desgastante y mal pagado, pero no le importaba, solo quería seguir activo y demostrar que su cuerpo estaba fuerte. Se salió de ahí luego de accidentarse en la motocicleta. Entonces se dedicó a la casa, junto a mi madre se dedicaban a los bienes raíces, pero no alcanzaba para la comida, los pasajes de mi hermanito y demás gastos.
La vida misma siempre nos da una salida y mi padre la tuvo como vendedor de kibis, situación que al principio no asimiló.
Lo preparaba con ayuda de mi madre de vez en cuando, lamentablemente la situación en casa fue empeorando, un amigo le dio chance en una herrería, la edad le fue otra vez el impedimento, le dijeron que mejor no.
Eso me lo deprimió muchísimo, sintió que ya no podía hacer nada más por su familia, se sentía viejo, para apoyarlo siempre le echábamos porras, entró a otra herrería, aprendió a soldar y algo de carpintería
Surgieron deudas por todas partes así que la solución era vender en forma sus kibis, compraron los ingredientes, no le fue nada bien los primeros tres días, pues de 80 ó100 piezas para vender, regresaba con la mitad.
Mi amiga les decía “no se desanimen Dios es bueno pídanle al Divino Niño”. Se hizo la petición con tanta fe que ahí está el resultado: Llegó un sábado con el traste vacío.
Con lágrimas y arrodillado frente a la imagen de Cristo y de la Virgen María, agradeció de todo corazón se escucharan sus plegarias.
Conquista día a día a más clientes, apenas lleva medio año, en distintas calles de la ciudad, si lo ven prueben sus kibis, les prometo que les gustará.
Gracias a esa labor mi señor padre se siente feliz y útil, llega muy cansado más no le ha faltado un día de agradecer a Dios por su jornada.
Con una parte de sus ganancias compró una bicicleta y con su huacalito, donde pone sus cosas, anda por dónde se le ocurra.
Mucha gente piensa que lo estamos explotando, pero en realidad él es feliz haciendo lo que hace, es feliz ganando su dinero en base al trabajo y a hacerlo de forma honrada, cosa que pocos se atreven hacer”.