06/12/2025
El mercado habitacional mexicano vive una paradoja: mientras la vivienda confirma su valor como activo refugio, los ingresos no logran seguirle el paso, además, se observan brechas regionales y sociales.
La vivienda enfrenta un reto creciente: los precios suben más rápido que los ingresos de las familias mexicanas. Aunque la inflación general se ha moderado en torno al 4%, la vivienda no ha seguido ese mismo camino.
Según la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), en el primer semestre de 2025 el precio de las viviendas con crédito hipotecario subió en promedio 8.4 por ciento. Esto significa que la vivienda se sigue revalorizando al doble de la inflación, confirmando su papel como activo refugio, pero generando al mismo tiempo una brecha de asequibilidad cada vez más amplia.
En la última década los precios de la vivienda en México han aumentado 58.4%, mientras que el ingreso laboral real apenas creció 4.1 por ciento. El resultado es evidente: el ingreso de las familias ya no alcanza para seguirle el paso al costo de una vivienda.
El panorama es claro: cada región enfrenta retos propios. En el norte, la presión proviene de la relocalización industrial; en el Bajío, de la migración interna; y en el sur, de los bajos niveles de ingreso que limitan el acceso a vivienda, incluso con precios menores. En suma, el mapa habitacional mexicano está fragmentado.
En conclusión, el mercado habitacional mexicano enfrenta desafíos estructurales que requieren una visión estratégica. No basta con reconocer el problema de asequibilidad; es necesario actuar en varios frentes: recuperar y reutilizar el acervo existente, facilitar nuevas formas de financiamiento y construcción, e inducir mediante políticas públicas un entorno donde más familias puedan acceder a una vivienda digna. La solución de fondo pasa por ampliar la oferta en todos los segmentos y hacerlo de manera sostenible.