02/09/2026
La decisión que se quedó para después
Recuerdo que era un mes de enero, hace algunos años, cuando recibí en mi oficina a un cliente que había acudido a realizar el pago del seguro de su automóvil.
No llegó solo. Lo acompañaban su esposa y sus tres hijos: dos niñas y un niño.
Mientras realizábamos el trámite, tuve la oportunidad de platicar con él y, como parte de mi trabajo, aproveché para hablarles de una alternativa que considero fundamental para cualquier padre de familia: un seguro de ahorro para la educación de sus hijos.
Les expliqué cómo podían construir un fondo para que, llegado el momento, sus hijos tuvieran recursos para continuar con sus estudios, independientemente de las circunstancias que pudiera enfrentar la familia.
A ambos les pareció una excelente idea. Estaban interesados y comprendían la importancia de comenzar cuanto antes. Sin embargo, como suele suceder muchas veces en la vida, decidieron posponer la decisión.
—Espéranos hasta mayo —me dijeron—. En mayo lo hacemos.
Así quedó nuestro acuerdo.
Llegó abril y decidí ponerme nuevamente en contacto con él. Lo llamé, pero no tuve éxito. Insistí en algunas ocasiones más, pero no conseguí localizarlo.
Entonces decidí buscar a su esposa.
La respuesta que recibí fue una de las noticias más difíciles que he tenido que escuchar en mi trayectoria profesional.
Mi cliente había fallecido.
Le habían detectado un cáncer de estómago muy agresivo y, en muy poco tiempo, la enfermedad había terminado con su vida.
Todavía recuerdo aquella conversación y, sobre todo, recuerdo a aquella familia que había visto apenas unos meses antes: un padre, una madre y tres hijos que tenían toda una vida por delante.
Habíamos hablado de proteger la educación de sus hijos.
Habíamos hablado de hacerlo en mayo.
Pero mayo nunca llegó para él.
Esta experiencia me dejó una de las lecciones más importantes de mi vida profesional.
Hay decisiones que podemos posponer porque creemos que tendremos tiempo para tomarlas después. Pero la vida no nos garantiza ese "después".
No se trata de vivir con miedo ni de pensar constantemente en la posibilidad de que algo malo suceda. Se trata de reconocer que tenemos responsabilidades y personas que dependen de nosotros, y que precisamente por eso debemos tomar las decisiones importantes mientras tenemos la oportunidad de hacerlo.
Aquel día comprendí todavía más profundamente que nuestro trabajo como asesores no consiste solamente en vender un seguro.
Consiste en ayudar a las personas a tomar decisiones que protejan aquello que más aman.
Porque el momento de partir de esta vida no está definido.
Por eso, las decisiones que pueden proteger nuestro futuro y el de nuestra familia debemos tomarlas a tiempo.
No cuando suceda algo.
No cuando sea demasiado tarde.
Mientras todavía tenemos la oportunidad de hacerlo.
“Lo que hoy podemos decidir, mañana puede dejar de estar en nuestras manos.”