11/12/2025
De este lado del mundo, encuentro las palabras.
No las busco… aparecen.
Quizá porque la vida, a veces, necesita que uno se detenga, respire y escriba.
Y mientras lo hago, siento cómo se va dibujando, casi sin darme cuenta, el inicio de mis nuevos pasos. Los de esta década que comienza.
Pienso en lo que me espera… o tal vez no.
La verdad: no quiero pensarlo demasiado.
Hoy no estoy para planes ni para proyecciones.
Hoy solo dejo que las palabras me salgan del alma, como un pequeño acto de celebración por estar aquí, vivo, consciente, creciendo.
En unos minutos termina mi década de los 30.
Y yo… que nunca he sido de publicar reflexiones de cumpleaños —o al menos no lo recuerdo—, hoy siento la necesidad de hacerlo.
No para que alguien lo lea, no para inspirar, no para causar nada.
Solo para dejar memoria.
Un rastro.
Una fotografía escrita de quién soy hoy.
Y lo primero que me nace decir es gracias.
Gracias por la vida.
Por quienes están.
Por quienes ya no, pero en algo me moldearon.
Gracias por mi madre y mi padre, por su presencia, por su amor y porque la muerte no les ha visto.
Gracias por mi salud, que a veces doy por hecho y no debería.
Gracias por mi compañera de vida,
quien ha sostenido mi mano en los momentos más complejos,
quien ha sido abrazo cuando me faltaban fuerzas,
y luz cuando yo mismo no sabía por dónde caminar.
Gracias por ese Dios que hace un año me abrazó de una manera distinta, cuando decidí bautizarme y comenzar un camino que me movió más de lo que imaginé.
Un camino que todavía estoy descubriendo.
También fue en esta década donde comencé a mirar hacia dentro.
Donde acepté que necesitaba ayuda.
Donde empecé un proceso de salud mental que, sin exagerar, me cambió la vida.
Aprendí a cuestionarme.
A soltar.
A reconstruirme pedazo por pedazo.
A reconocer dónde dolía y por qué.
Y hoy, además de agradecerle a la vida… me agradezco a mí.
Porque me sostuve cuando estaba cansado.
Porque avancé incluso cuando no sabía hacia dónde.
Porque no me rompí del todo, aunque hubo momentos en los que estuve cerca.
Porque seguí.
Y seguir, a veces, es la victoria más grande.