22/12/2025
El 22 de diciembre es (o era) el “Día del Agente de Tránsito”.
En Tenancingo, en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo pasado, era una tradición muy respetada llevarle su regalo a los agentes de tránsito que se ubicaban en las principales esquinas de la población.
Esta tradición inició el 22 de diciembre de 1949. La idea fue lanzada por la Asociación Mexicana de Automovilística (AMA), que consideraba al Agente como “un valioso guardián de la seguridad de los automovilistas y de los peatones, porque su trabajo contribuyó a que se registraran menos accidentes”, se leía en la circular publicada en aquel año.
Así, esa fecha era la indicada para celebrar el “Día del Agente de Tránsito” y se exhortaba a la población a que se dirigiera desde su automóvil o a pie al banquillo que aquellos ocupaban para entregarles sus regalos, bien fuera dinero u objetos.
Colocado en un alzapiés cuadrado amarillo con café (de aprox. 50 cm. de altura) y en los cruceros importantes subido un par de escalones en un singular habitáculo, protegido con un pequeño techo circular/sombrilla que pretendía reducir mínimamente los efectos del clima. De esta manera el Agente de Tránsito encontraba un resguardo, además, a su humanidad expuesta al paso vehicular.
Era curioso observar cómo (desde temprano) se iban acumulando los regalos. La cantidad dependía tanto de la popularidad del empleado público, como de su actitud ante los conductores. Las empresas de refrescos o cerveceras les regalaban cajas con sus productos que depositaban alrededor de las citadas garitas.
Los entonces “tamarindos” (apodo que se aplicaba a los Oficiales de Tránsito que vestían uniformes caqui combinado con café obscuro) rebosaban de alegría. Se observaban entre los múltiples obsequios almanaques, botellas de licor, discos musicales, ci****os, bolsas de café, azúcar, jabones, canastas navideñas, sillas de mimbre, electrodomésticos, artículos con publicidad de marcas reconocidas, etc.
En ese momento especial hasta el sonido del silbato con el que dirigían la circulación era diferente. Estaban satisfechos con el reconocimiento que le brindaban los ciudadanos. Ya en la tarde al término de su jornada y después de recoger sus regalos, los taxistas se ofrecían a regresarlos gratis a sus hogares.
(A partir de una publicación de “Gastando Zapatos” https://luiseduardoros.com/aquellos-ayeres-dia-del-agente-de-transito/ Luis Eduardo Ros)