Guidxilayú

Guidxilayú Somos una empresa comercializadora de productos 100% Oaxaqueños, artesanales y naturales. Aceptamos todas las tarjetas (Débito, Crédito y Vales de Despensa)

🌵 ¡ATENCIÓN, COMADRES Y COMPADRES! Tenemos una nueva forma de pedir en GuidxilayúA partir del 15 de agosto, cambiamos nu...
15/08/2026

🌵 ¡ATENCIÓN, COMADRES Y COMPADRES! Tenemos una nueva forma de pedir en Guidxilayú

A partir del 15 de agosto, cambiamos nuestra forma de organizar los pedidos para poder ofrecerte nuestros productos oaxaqueños de una manera más ordenada, fresca y eficiente. ❤️

La clave es muy sencilla: tendremos productos disponibles regularmente en nuestro local y otros que manejaremos exclusivamente sobre pedido una vez al mes.

🟢 PRODUCTOS QUE TENEMOS SIEMPRE EN EXISTENCIA

En nuestros anaqueles encontrarás regularmente:

🌶️ Moles
🍫 Chocolate artesanal
🌱 Cacao natural
🥃 Mezcales
☕ Café artesanal
🥛 Tejate en polvo
🦗 Chapulines

Puedes venir directamente a nuestro local por ellos.

Y si prefieres recibirlos en casa, también puedes pedirlos a domicilio, pero necesitamos que realices tu pedido con 2 días de anticipación.

📌 Ejemplo:
Si haces tu pedido el lunes, lo recibirás el miércoles.

🚫 No manejamos envío inmediato.
Esta anticipación nos permite organizar correctamente tu pedido y mantener nuestro costo de envío de $50.

🚚 Envío: $50
📍 Monterrey y área metropolitana.

💰 Para confirmar tu pedido se requiere un 30% de anticipo o bien que lo pagues por transferencia al 100%.

El resto puedes pagarlo:
• En efectivo, al recibir tu pedido.

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🟠 SURTIDO ESPECIAL MENSUAL

Hay productos que queremos seguir llevándote con la calidad y frescura que los caracteriza, pero que ahora manejaremos exclusivamente sobre pedido:

🧀 Quesillos
🧀 Quesos frescos
🌭 Chorizo oaxaqueño
🌽 Tortillas para tlayudas
🫓 Asiento de manteca
🥩 Cecina enchilada
🍞 Pan de yema

📅 ¿Cómo funciona?

Los pedidos se reciben a más tardar el martes anterior al primer viernes de cada mes.

🚚 La entrega se realiza el primer viernes de cada mes.

💰 Para confirmar tu pedido se requiere un 30% de anticipo.

El resto puedes pagarlo:
• Por transferencia, un día antes de la entrega.
• En efectivo, al recibir tu pedido.

🚚 Envío: $50
📍 Monterrey y área metropolitana.
El costo de envío aplica en cualquiera de las dos modalidades.

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❤️ ¿POR QUÉ HACEMOS ESTE CAMBIO?

Porque queremos organizarnos mejor para poder seguir ofreciéndote productos oaxaqueños de calidad, frescos y con el sabor que buscas, evitando traer mercancía que no haya sido solicitada.

La idea es sencilla:

🟢 Lo que consumes regularmente → lo tenemos.
🟠 Lo que requiere surtido especial → lo pedimos para ti.

Y como siempre, Don Mole seguirá siendo nuestro embajador, acompañándote para que disfrutar Oaxaca sea cada vez más fácil. 🌵❤️

📲 Pedidos y WhatsApp: 81 1497 5096

📍 Creta 210, Col. Valle de San Carlos, San Nicolás de los Garza, Nuevo León.

Guidxilayú — Lo mejor de Oaxaca en tu casa. 🇲🇽🌵

Gracias por seguir apoyando lo nuestro. ❤️

🤍 HAY SABORES QUE NO NECESITAN PRESENTACIÓN… SOLO UN BUEN PLATO.Una buena enfrijolada tiene sus secretos: tortilla bien ...
13/08/2026

🤍 HAY SABORES QUE NO NECESITAN PRESENTACIÓN… SOLO UN BUEN PLATO.

Una buena enfrijolada tiene sus secretos: tortilla bien hecha, frijol con sabor casero y, por supuesto, queso fresco de aro oaxaqueño para terminarla como se debe. 🇲🇽✨

🧀 Queso de Aro 100% Oaxaqueño
Fresco, suave y delicioso. Perfecto para desmoronar sobre tus enfrijoladas, memelas, tlayudas o simplemente disfrutarlo como se te antoje.

👨🏻‍🍳 Don Mole ya dio su veredicto:
“A las enfrijoladas les faltaba algo… ¡y era este queso!” 😂

📲 Haz tu pedido:
81 1497 5096

📍 Guidxilayú – Productos Oaxaqueños
Calle Creta 210, Col. Valle de San Carlos, San Nicolás de los Garza, NL.

🌺 Llevamos un pedacito de Oaxaca hasta tu mesa.

DOMINGOS CON DON MOLECapítulo 5: El día que perdió su trabajo… y encontró OaxacaDon Mole dice que hay historias que comi...
09/08/2026

DOMINGOS CON DON MOLE

Capítulo 5:
El día que perdió su trabajo… y encontró Oaxaca

Don Mole dice que hay historias que comienzan con una venta.

Otras comienzan con un sueño.

Pero algunas…comienzan con una puerta que se cierra.

Esta es una de esas.

Corría el año de la pandemia.

Las calles estaban más vacías, las noticias hablaban de incertidumbre y millones de personas comenzaban a preguntarse qué iba a pasar con sus trabajos, sus familias y sus vidas.

Pero él ya lo presentía.

Meses antes de que sucediera, algo dentro de él le decía que aquel empleo no duraría para siempre.

No sabía cuándo.
No sabía cómo.
Pero lo sentía.

Y mientras otros esperaban a que las cosas cambiaran, él comenzó a pensar en una idea que llevaba años rondándole la cabeza:

¿Y si llevaba un pedacito de Oaxaca hasta Monterrey?

Porque él no había nacido en cualquier lugar.

Había nacido en San Juan Bautista Tuxtepec, Oaxaca. Y Oaxaca no era simplemente el lugar que aparecía en su acta de nacimiento.

Era el olor del café por las mañanas.

Era el chocolate.
Era el mole.
Era el quesillo.
Era el recuerdo de las fiestas.
Era la gente.
Era la tierra.

Y también eran las palabras que alguna vez escuchó de niño.

Porque mucho antes de imaginar Guidxilayú, hubo mujeres que ayudaban a su madre con la limpieza de la casa.

Mujeres oaxaqueñas que hablaban zapoteco.

Él las escuchaba mientras trabajaban.

Algunas palabras le parecían extrañas.

Otras le causaban gracia.

Y algunas se le quedaron guardadas sin saber por qué.

—¿Cómo se dice esto?

Y ellas le enseñaban.

Una palabra.
Luego otra.
Después otra.
Quizá en aquel momento no lo entendía.

Pero con los años descubrió que aquellas palabras no sólo le estaban enseñando un idioma.

Le estaban dejando una parte de Oaxaca.

El zapoteco es una de las lenguas originarias de Oaxaca y, dependiendo de la región, existen distintas variantes. En el zapoteco del Istmo, por ejemplo, aparece una palabra que años después tendría un significado enorme para él:

Guidxilayú. Una palabra que puede traducirse como mundo, tierra o planeta.

Y quizá por eso terminó eligiéndola.

Porque Guidxilayú no debía ser solamente una tienda.

Tenía que ser un pequeño pedazo de ese mundo del que venía.

Pero antes de que existiera el nombre…tuvo que llegar el golpe.

Un día recibió la noticia que tanto había temido. Lo habían despedido.

De pronto, aquello que durante años había parecido seguro desapareció.

Y con él llegaron las preguntas.

¿Qué sigue?
¿Cómo se paga la casa?
¿Qué va a pasar con la familia? ¿Y ahora qué?

Cualquiera podía haberse quedado paralizado.

Él también tuvo miedo. Pero entonces recordó aquella idea. Oaxaca.

Y comenzó. No empezó con una gran inversión. No hubo un local elegante.

No hubo empleados.
No hubo vitrinas llenas.
No hubo camionetas repartiendo mercancía.

Hubo algo mucho más sencillo: un café.

Café de Pluma Hidalgo.

Ese fue uno de los primeros productos con los que comenzó a tocar puertas.

Después llegaron los pedidos.
Primero compañeros de trabajo.
Luego vecinos.
Después conocidos.
Un mensaje por aquí.
Una recomendación por allá.
Y poco a poco sucedió algo inesperado.

La gente comenzó a preguntar:

—¿Qué más traes de Oaxaca?

Entonces llegó el chocolate.
El mole.
Las tlayudas.
El quesillo.
Los tamales.
El mezcal.
Y cada producto traía consigo una historia.

Pero había un problema.

No había local.

Así que el primer "almacén" de Guidxilayú fue, literalmente, el refrigerador de la casa.

Sí.

Ese mismo donde cualquier familia guarda la leche, los huevos y las sobras del domingo.

Ahí comenzó una empresa.

Después llegó un refrigerador pequeño.

Luego un congelador horizontal.

Y cuando parecía que ya no cabía una cosa más…apareció un gran amigo.

Uno de esos amigos que no preguntan solamente:

—¿Cómo estás?

Sino:

—¿Qué necesitas para seguir?

Ese amigo le dio apoyo económico para transformar un cuarto del porche de la casa en un pequeño local.

Y entonces Guidxilayú dejó de ser una idea.

Comenzó a tener paredes.

Una puerta.
Un espacio.
Una identidad.
Y, sobre todo…
comenzó a tener clientes.

Pero Don Mole siempre dice que aquí viene la parte que más le gusta de la historia.

Porque cuando uno mira Guidxilayú desde afuera puede pensar que todo comenzó con una pandemia.

No.

La pandemia solamente fue el empujón.
La verdadera historia había comenzado muchos años antes.
Había comenzado en Tuxtepec.

En una casa.

En una cocina.
En las voces de aquellas mujeres que hablaban zapoteco mientras ayudaban a su madre.

Había comenzado con palabras que un niño escuchó sin imaginar que algún día se convertirían en parte de una marca.

Había comenzado con una identidad que permaneció escondida durante años.
Y entonces llegó el momento de ponerle nombre.

No quiso llamarlo simplemente "Productos Oaxaqueños".
No quiso ponerle un nombre comercial cualquiera.

Quiso que tuviera algo de aquella tierra.
De aquella lengua.
De aquellas mujeres.
De aquella infancia.

Y escogió:

Guidxilayú.

El mundo.

La tierra.

El lugar donde caben todas las historias.

Y quizá ahí está la verdadera razón de su existencia.

Porque Oaxaca no es una sola cultura.

Es un mosaico de pueblos y lenguas, de tradiciones y maneras distintas de entender la vida.

Zapotecos, Mixtecos, Mazatecos, Mixes, Chinantecos, Triquis, Chatinos y muchos otros pueblos originarios forman parte de ese enorme universo cultural que es Oaxaca.

Y Guidxilayú quiere ser precisamente eso:
un pedacito de ese mundo.

Un lugar donde una persona de Oaxaca pueda encontrar algo que le recuerde su casa.

Donde alguien que nunca ha pisado Oaxaca pueda descubrir sus sabores.

Y donde una familia pueda sentarse un domingo alrededor de una mesa y decir:

—Esto sabe como lo hacía mi mamá.

Han pasado los años.
Ha habido días buenos.
Y días malos.
Días de vender muchísimo.
Y días en los que parecía que nada funcionaba.

Ha habido cansancio.
Errores.
Preocupaciones.
Dudas.

Y también muchas pequeñas victorias.

Pero Guidxilayú sigue ahí.

Dándolo todo.

Y quizá esa sea la parte más importante de esta historia.

Porque aquel hombre que un día salió de su trabajo pensando que había perdido su estabilidad…

terminó encontrando algo que no sabía que estaba buscando.

Encontró una manera de volver a casa sin tener que regresar físicamente a Oaxaca.

Cada café de Pluma Hidalgo.
Cada chocolate.
Cada mole.
Cada tlayuda.
Cada pieza de quesillo.
Cada cliente.
Cada historia.

Es una forma de decir:

"Oaxaca sigue aquí."

Y Don Mole, que de historias sabe un rato, suele terminar este relato con una frase:

A veces creemos que la vida nos está quitando el camino.

Y resulta que solamente…

nos está obligando a construir uno nuevo.

Porque Guidxilayú nació cuando se cerró una puerta.

Pero detrás de esa puerta…

había un mundo entero esperando ser descubierto.

— Don Mole

🧀 HAY QUESADILLAS… Y HAY QUESADILLAS CON QUESILLO OAXAQUEÑO. 🤤Si eres de los que disfruta ver cómo el queso se derrite, ...
08/08/2026

🧀 HAY QUESADILLAS… Y HAY QUESADILLAS CON QUESILLO OAXAQUEÑO. 🤤

Si eres de los que disfruta ver cómo el queso se derrite, se estira y termina haciendo que uno diga “¡échale más!”… esta es para ti. 😏

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📍 También puedes visitarnos en:
Calle Creta 210, Col. Valle de San Carlos, San Nicolás de los Garza, NL.

🌺 Guidxilayú — Productos Oaxaqueños
Tradición que se siente, sabor que enamora.

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03/08/2026

🤎 ¡AGOSTO ES EL MES DEL MOLE EN GUIDXILAYÚ! 🤎

¿Ya se te antojaron unas enmoladas, un pollo en mole o unas enchiladas con auténtico sabor oaxaqueño? 😍

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Domingos con Don MoleCapítulo 4: Los chocolates de quince díasHay personas que llegan a tu negocio para comprar.Y hay pe...
02/08/2026

Domingos con Don Mole

Capítulo 4: Los chocolates de quince días

Hay personas que llegan a tu negocio para comprar.

Y hay personas que llegan para dejarte una lección.

Esta historia comenzó mucho antes de que yo la entendiera.

Todos los días, sin falta, veía pasar a una señora de la tercera edad frente a Guidxilayú.

Nunca supe su nombre.

Pero sí aprendí el ritmo de sus pasos.

Empujaba un viejo carrito de supermercado. De esos que ya no tienen brillo, que rechinan al caminar y que parecen cargar más historias que basura.

Porque sí...

Ella vivía de pepenar.

Cada mañana recorría las calles buscando cartón, aluminio, plástico... cualquier cosa que pudiera vender para llevar algo de dinero a casa.

Había días en que caminaba rápido.

Como si todavía le quedaran fuerzas para ganarle al tiempo.

Otros días avanzaba lentamente.

Como si cada paso pesara un año más sobre sus hombros.

Pero había algo que nunca cambiaba.

Siempre levantaba la vista al pasar frente a Guidxilayú.

Nunca entraba.

Sólo miraba.

Miraba los moles acomodados en los estantes.

El pan de Yema.

Los chocolates.

El café artesanal.

El quesillo.

Y seguía su camino.

Al principio pensé que sólo era curiosidad.

Después pensé que quizá extrañaba Oaxaca.

Con el paso de los meses dejé de preguntármelo.

Simplemente esperaba verla pasar.

Era parte del paisaje.

Como el sonido de la campana de la iglesia o el aroma del pan recién horneado.

Hasta que un viernes todo cambió.

Aquella tarde la vi acercarse nuevamente.

Pero esta vez no venía sola.

De la mano llevaba a una niña de unos nueve años.

Una pequeña de ojos enormes y sonrisa tímida.

Entraron despacio.

Como quien siente que está entrando a un lugar donde quizá no pertenece.

La niña no dejaba de mirar los anaqueles.

Todo le sorprendía.

Los colores.

Los empaques.

Los aromas.

Mientras la señora permanecía en silencio.

—¿Qué quieres, mi amor? —preguntó con una voz tan suave que casi se perdió entre la música del local.

La niña señaló inmediatamente un paquete de chocolates oaxaqueños.

No pidio un quesillo.

No pidió mole.

Pidió chocolates de Oaxaca.

La abuela tomó el paquete con muchísimo cuidado.

Como si fuera de cristal.

Llegó al mostrador.

Sacó una pequeña bolsita de tela.

La abrió lentamente.

Y comenzó a contar monedas.

Una por una.

Cinco pesos.

Dos pesos.

Un peso.

Cincuenta centavos.

Algunas ya estaban tan gastadas que apenas podía distinguirse su figura.

Mientras las acomodaba, pude notar que sus manos temblaban.

No de miedo.

De cansancio.

Cuando terminó de contar levantó la mirada.

Sonrió con un poco de vergüenza.

Y dijo una frase que todavía retumba en mi cabeza.

—Perdone que le pague con pura moneda...

Las fui juntando poquito a poquito.

Pensé que simplemente era el dinero que había logrado reunir ese día.

Pero antes de guardar la bolsita añadió algo más.

—Llevo quince días ahorrando...

Quería comprarle estos chocolates a mi nieta.

Sentí un n**o en la garganta.

Quince días.

Quince días levantando cartón.

Quince días empujando aquel carrito bajo el sol y la lluvia.

Quince días separando unas cuantas monedas para comprar un simple paquete de chocolates.

La niña abrazó el paquete como si acabara de recibir el tesoro más grande del mundo.

No sabía cuánto había costado.

No sabía los kilómetros recorridos.

No sabía las madrugadas.

No sabía el esfuerzo.

Sólo sabía que su abuela le había cumplido un deseo.

Y eso...

Eso valía más que cualquier juguete.

Las vi salir del local.

La niña iba brincando.

La señora caminaba igual que siempre.

Con el mismo carrito.

Con la misma ropa sencilla.

Pero había algo diferente.

Ese día no cargaba únicamente cartón.

Cargaba la satisfacción de haber cumplido una promesa.

Cuando desaparecieron al doblar la esquina entendí algo que jamás aprendí en ningún libro de negocios.

Nosotros creemos que vendemos mole.

Vendemos chocolate.

Vendemos mezcal.

Vendemos quesillo.

Pero no.

Nos equivocamos.

Lo que realmente entregamos son recuerdos.

Hay quien compra un mole para recordar a su madre.

Hay quien compra una tlayuda para sentirse otra vez en Oaxaca.

Y hay abuelas...

Que ahorran durante quince días para regalarle a su nieta un pedacito de felicidad envuelto en papel.

Desde entonces, cada vez que alguien me pregunta cuál es el producto más valioso de Guidxilayú...

Nunca respondo "el mole".

Nunca digo "el mezcal".

Ni siquiera menciono el quesillo.

Siempre pienso en aquella caja de chocolates.

Porque ese día entendí que el verdadero valor de las cosas nunca está en la etiqueta del precio.

Está en el sacrificio de quien las compra... y en el amor de quien las regala.

Y todavía hoy, cuando veo pasar un carrito de supermercado por la calle, no pienso en la basura que lleva dentro.

Pienso en una abuela...
..que convirtió quince días de esfuerzo en la sonrisa de una niña.

Y hay sonrisas...

que no tienen precio.

— Don Mole

01/08/2026

El día de hoy cerramos a las 1 pm por única ocasión.

Nos vemos el lunes a partir de las 10 am.

❤️ Hay sabores que alimentan...Y hay sabores que reúnen a la familia alrededor de la mesa.Nuestro Mole Coloradito 100% A...
01/08/2026

❤️ Hay sabores que alimentan...

Y hay sabores que reúnen a la familia alrededor de la mesa.

Nuestro Mole Coloradito 100% Artesanal no nace en una fábrica.
Nace de recetas que han pasado de generación en generación, de ingredientes seleccionados con paciencia y de ese sazón que convierte una comida cualquiera en un recuerdo para toda la vida. 🌶️✨

Porque las mejores conversaciones empiezan cuando alguien dice:
"¡Ya está lista la comida!" 🍽️

En Guidxilayú llevamos un pedacito de Oaxaca hasta tu hogar, para que cada cucharada tenga sabor a tradición, a familia y a momentos que vale la pena compartir. ❤️

📲 Haz tu pedido por WhatsApp y descubre por qué cada vez somos más familias las que elegimos el auténtico sabor oaxaqueño.

🌺 Guidxilayú Productos Oaxaqueños El sabor que une a la familia.



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🚨 ¡Mi gente bonita! ❤️🌶️¡No queremos que después nos anden diciendo "Ay, ¿por qué no me avisaron?" 😅📢 ¡HOY es el último ...
31/07/2026

🚨 ¡Mi gente bonita! ❤️🌶️

¡No queremos que después nos anden diciendo "Ay, ¿por qué no me avisaron?" 😅

📢 ¡HOY es el último día!

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No dejen pasar la oportunidad, porque mañana esta promoción ya no estará disponible. ⏰

💬 Mándenos un WhatsApp y aparten los suyos desde hoy.

🏡 Hacemos entregas en Monterrey y su área metropolitana.

❤️ Gracias por seguir apoyando a un pequeño negocio que lleva un pedacito de Oaxaca hasta su mesa.

¡Los esperamos! 🌺🇲🇽

Dirección

Calle Creta 210. Col. Valle San Carlos
San Nicolás De Los Garza
66437

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Lunes 10am - 3pm
5pm - 9pm
Martes 10am - 3pm
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Miércoles 10am - 3pm
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5pm - 9pm
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