27/08/2026
El amor a los hijos se demuestra de muchas formas: en el esfuerzo diario trabajando para que alcancen sus metas, en las palabras de aliento y en ser su sostén cuando el mundo se pone difícil.
También se demuestra cuidando nuestra salud y nuestro cuerpo... y ahí es donde reconozco que a veces fallo. Pero hay algo en lo que no me permito fallar: mi seguro de vida.
Cuando sabemos que vamos a ser padres, solo vemos lo bonito: esa carita hermosa, esos cachetes que llenan de ternura el corazón. Casi nadie se prepara por si llega a faltar. ¿Por qué? Quizás por miedo a enfrentar nuestra propia vulnerabilidad, por no querer admitir lo frágiles que somos. Elegimos el camino que parece más fácil: no hacer nada.
El problema es que lo que hoy es fácil para nosotros, mañana se convierte en lo más difícil... para ellos.
Y ojo: no me digas que ya estás cubierto porque tu trabajo te da seguro de vida y gastos médicos. Esas son prestaciones, y como su nombre lo dice, están "prestadas" mientras mantengas tu capacidad de generar ahí. Si algo pasa, la empresa decide, no tú. Es como pensar que el carro utilitario de la empresa es tuyo; no vas por la vida diciendo que es de tu propiedad porque entiendes perfectamente para qué sirve.
Con un seguro personal pasa exactamente lo mismo: cuando entiendes para qué sirve, tomas el control.
No se trata de resolver toda tu vida financiera hoy. Se trata de darte 25 minutos para tener una certeza que tal vez nunca has tenido: cómo proteger a los que amas, tu patrimonio y los sueños que construyen juntos.
Mándame un mensaje y lo platicamos.