24/09/2026
JESÚS NO PRETENDE DEJAR AL OPRIMIDO COMO ESTÁ
«En forma todavía nominal se puede decir entonces que el valor genético fundamental de Jesús es el de hacer la justicia. Pero esta justicia no la entiende como retributivo-vindicativa, es decir, como el de dar a cada persona o a cada situación lo que le corresponde por ser lo que es, sino que justicia significa aquí lo que significa en AT: la liberación de Israel. Jahvé es justo no porque da a cada uno lo que merece, sino porque trata de re-crear al hombre y la situación, trata de salvarlos... Justicia de Dios es entonces "la actividad esencialmente salvífica de Dios por lo que el pueblo de Israel (en el Nuevo Testamento, todo el género humano) obtiene la restauración de los bienes prometidos por Dios".
Esa es la justicia que propugna Jesús como valor moral fundamental, no una justicia retributiva, sino una justicia re-creativa. Y en este sentido, y no en cualquier otro sentido sentimentalista, el valor moral fundamental es el amor.
Al llegar a este punto surge la pregunta de si esa justicia se dirige al individuo o a la sociedad, y por otra parte, si el hombre se hace justo él mismo individual o estructuralmente. Evidentemente estos planteamientos modernos son ajenos a la concepción explícita de Jesús sobre el destinatario y el sujeto de la justicia. No se puede por lo tanto concluir apodícticamente por una u otra explicación. Creemos que en Jesús se da una concepción dialéctica de ambos momentos si se considera lo que Jesús dice, y sobre todo lo que el mismo Jesús hace.
Por lo que toca al primer punto es evidente que Jesús se dirige repetidas veces al individuo con actitud recreadora. Cuando se acerca al pobre, al pecador, al oprimido, etc., su actitud no es meramente de consuelo, sino de justicia, es decir, no pretende dejar al hombre como está, consolándole en su situación, sino que pretende realmente hacerle justicia, re-crear su situación. Esta es la quinta esencia de su comprensión del reino.
Pero cuando Jesús se dirige al oprimido de hecho no se dirige sólo a un individuo en miseria que necesita de la justicia, sino que ese individuo es históricamente miserable en cuanto declasado. Jesús no sólo hace justicia al individuo, sino que en cuanto va hacia él está también salvando las barreras de clase que hacían del leproso, pecador o endemoniado no sólo un miserable individual sino un declasado social. La justicia de Jesús entonces, por lo menos en gérmen, apunta a una nueva forma de convivencia entre hombres en la cual en principio se ha abolido la diferencia de clases».
- Jon Sobrino, "Cristología desde América Latina".