19/08/2025
8:39
Yolanda es madre soltera. No tiene familia en la ciudad y, con dos trabajos, tener amigos es complicado.
Dejó a sus hijos con la vecina, tomó dos camiones y, bajo la lluvia, llegó a la clínica familiar. Con la chancla mojada y la bolsa en la cabeza como impermeable, se presentó puntual a su cita.
El doctor la atendió tarde. Salió a las 8:35 de la noche con recetas en mano y corrió a la farmacia.
El letrero decía: “Atención al público hasta las 9:00 p.m.”
El reloj marcaba: 8:39.
Tocó la ventana. Adentro, dos empleados comían pizza.
El encargado, con cara de fastidio, le dijo:
—Ya cerramos. El sistema ya está cerrado.
—Pero el doctor me dijo que cerraban a las 9.
—El doctor se equivocó. Aquí cerramos a las 8:30. El rótulo de arriba está mal.
Yolanda volvió a insistir, pero recibió la misma respuesta:
"Mañana venga a las 7:30 a.m. Y si no puede, mande a alguien."
Ahí estaba Yolanda: sola, empapada, sin red de apoyo, con sus recetas en la mano y las puertas cerradas en la cara.
No era solo la lluvia, ni la pizza tras el vidrio.
Era el sistema entero diciéndole:
"Aguántate. Organízate como puedas. Tu esfuerzo no importa."
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Hay personas que quieren un seguro de gastos médicos y de verdad no tienen para pagarlo.
Hay otras que lo quieren, pero no son asegurables y tienen que aguantar un sistema injusto.
Y luego estás tú:
sano, sin seguro y con recursos.
Esta es tu llamada del universo:
✨ Hagamos una cita. ✨