31/01/2018
Puede ser que os guste esta historia!
Un día, el hijo de un viejo granjero dejó, por descuido, la verja del establo abierta. El único caballo que tenían, escapó. Todos los vecinos vinieron a solidarizarse: “¡Qué mala suerte!”
Sin embargo, el anciano no se inmutó, solo dijo: “Puede ser,”.
Al día siguiente, el caballo volvió al establo y trajo consigo otros diez caballos salvajes que le siguieron desde las montañas. Ahora el granjero tenía once caballos y se había convertido en el hombre más rico del pueblo. Todos los vecinos fueron a visitarlo y le dijeron: “Parece que al final fue un golpe de suerte que el caballo se haya escapado”.
El anciano solo les respondió: “Puede ser,”.
Al día siguiente, mientras su hijo estaba intentando domar a uno de los caballos, cayó y se rompió una pierna. Al acercarse el invierno, sin la ayuda del hijo en la granja, el anciano tendría que afrontar grandes problemas. Los vecinos le dijeron: “En el fondo, fue un error. Ahora tienes los caballos pero no tienes a tu hijo para que te ayude. Es algo terrible”.
El padre, en vez de lamentarse, respondió: “Puede ser,”.
Al día siguiente, el ejército llegó al pueblo y reclutó a todos los jóvenes para luchar en una guerra suicida. Era posible que ninguno de ellos regresara a casa. Sin embargo, como el hijo del granjero tenía una pierna rota, no lo reclutaron y se quedó a salvo en el hogar.
Una vez más, los vecinos le comentaron la buena suerte que había tenido.
Nuevamente el granjero contestó:
“Puede ser,”.
Se trata de una historia muy sencilla pero encierra una enorme enseñanza, algo que a menudo olvidamos: en la vida no hay situaciones completamente buenas ni totalmente malas, todo encierra pros y contras. Aunque a veces, cuando estamos saturados por la tristeza, la ira o la frustración, nos resulta difícil encontrar los aspectos positivos.
Sin embargo, detrás de cada “mal” puede esconderse una oportunidad, un cambio positivo. Por supuesto, también ocurre lo contrario, detrás de una situación aparentemente positiva, puede esconderse un problema que nos complique aún más la vida.
Sin duda, se trata de un cambio de perspectiva que no se puede lograr de un día al otro. No obstante, merece la pena intentarlo porque nos conduce a una vida más serena y nos ayuda a encontrar la tranquilidad incluso en medio de la tormenta.