04/03/2026
Adjunto una publicación que he leído hoy en Linkedin y que me parece muy interesante para reflexionar tanto los clientes como las personas que nos dedicamos a comercializar seguros.
🚨EL SEGURO NO ES PARA QUIEN QUIERE AHORRAR. ES PARA QUIEN TIENE MUCHO QUE PERDER.🚨
Con el tiempo he aprendido algo:
Las personas que más valoran un buen seguro no son las que únicamente preguntan cuánto cuesta.
Son las que preguntan:
“¿Qué pasaría si esto sale mal?”
“¿Dónde estoy realmente expuesto?”
“¿Cómo me protejo bien?”
Un directivo no protege solo su vivienda. Protege el patrimonio que tanto le ha costado construir.
Un empresario no protege un local. Protege años de trabajo. Protege su capacidad de generar ingresos. Protege su tranquilidad para poder seguir tomando decisiones.
El seguro, bien planteado, no es un gasto. Es una estrategia de preservación patrimonial.
Por eso, en ocasiones, recomendamos ampliar coberturas.
Y en otras, directamente decimos que no hace falta contratar algo.
Porque nuestra obligación no es vender pólizas. Es vender tranquilidad. Es asesorar con criterio.
Cuando el riesgo se materializa, ya no importa lo que costó la póliza. Importa lo que protegía.
Y, sin embargo, sigue siendo habitual ver situaciones como estas:
Un Porsche ó un Ferrari de 200.000€ – 300.000€ y querer que el seguro a todo riesgo cueste como máximo 1.000€.
Es como poner ruedas recauchutadas a un superdeportivo. No tiene sentido.
Un chalet de 1 millón de euros con un presupuesto máximo de 800 € en seguro.
No es una cuestión de dinero. Es una cuestión de mentalidad.
Porque el problema no es pagar poco. El problema es creer que el riesgo también es pequeño.
El seguro no es para quien quiere ahorrar. Es para quien entiende lo que podría perder.
Y ahora voy a decir algo que quizá incomode a algunos compañeros del sector:
Mientras sigamos compitiendo solo en precio, seguiremos educando al cliente a infravalorar el riesgo.
Y cuando llegue el siniestro, no fallará la póliza. Habremos fallado nosotros como asesores.