29/01/2025
Cadillac V16, una década al máximo nivel barrida por la evolución de los V8
Los diez años en escena de los Cadillac V16 representaron un alarde técnico con dos evoluciones bien diferenciadas capaces de marcar distancias con Packard al tiempo que representaban la cima de la técnica automovilística estadounidense en los momentos previos a la Segunda Guerra Mundial.
Una de las cimas prestacionales para la actual mecánica automovilística es la interpretada por el motor W16 del Grupo Volkswagen. Estructurado en torno a sus cuatro filas con cuatro cilindros en línea cada una, su diseño tiene por bandera una formidable suavidad a pesar de llegar a cifras realmente espectaculares como los casi 1.600 CV desplegados por el Bugatti Chiron.
Una llamativa excentricidad vista como el último grito en superdeportivos aunque, a decir verdad, el origen de los motores de automóvil con semejante número de cilindros tiene por comienzo tiempos bastante pretéritos. Concretamente los años veinte del pasado siglo, cuando fabricantes como Maserati, Bugatti, Pierce-Arrow o Franklin enfocaron sus esfuerzos a desarrollar motores de dieciséis cilindros movidos por afanes bien distintos.
Quitando el ejemplo interpretado por los Marmon Sixteen -en producción durante los tan sólo tres años previos al final mismo de la marca-, los Cadillac V16 son el mayor y más refinado ejemplo en relación a la utilización de motores con dieciséis cilindros en el ámbito de los automóviles turismo.
Todo un prodigio técnico de potencia y suavidad nacido no tanto por una desprendida ambición como por la necesidad comercial de dar una respuesta tan contundente como eficaz a los éxitos de Packard y sus motores V12, responsables de doblar en ventas a lo interpretado por una Cadillac acuartelada en seguir todo lo posible con la instalación de sus amortizados bloques V8.
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