03/11/2024
La verdad se erige como un absoluto, un concepto intocable por el capricho o el orgullo herido.
Afirmar que la verdad debe ceder porque alguien se siente “ofendido” es invitar a la corrupción de la realidad por las emociones subjetivas. Si permitimos que la ofensa dicte la verdad, entonces la verdad misma se convierte en una cáscara vacía, una herramienta maleable en manos de cualquiera con un objetivo.
La idea misma es absurda: la ofensa no es evidencia, ni es argumento. No prueba nada más allá de la propia incomodidad de una persona con la realidad.
Alegar la ofensa como refutación es eludir la pregunta, abandonar la razón.
Es una táctica, no una verdad.
Y el verdadero absurdo está aquí: ¿quién puede probar que su “ofensa” es genuina? Podría ser fingida con la misma facilidad, un arma conveniente utilizada para silenciar un desafío o ganar un debate sin sustancia.
Sentirse ofendido por la verdad es un defecto personal, una negativa a aceptar lo que es. El mundo no está obligado a respetar nuestros sentimientos, y no tenemos derecho a exigir que lo haga.
La verdad existe más allá del alcance de la emoción. Si ofende, esa ofensa refleja las limitaciones de la persona, no la validez del hecho. Todos tenemos la responsabilidad de buscar la verdad sin miedo a quién pueda molestar.
Para cualquiera que diga sentirse “ofendido” por la realidad, la respuesta es simple: acéptalo, hazte más fuerte y sigue adelante.
S. Tominaga, también conocido como CSW
2 de noviembre de 2024