Luis Faustino Rojas Rivas, Asesor Puesto Bolsa de Comercio

Luis Faustino Rojas Rivas, Asesor Puesto Bolsa de Comercio Asesorías en inversiones en Transcomer Puesto de Bolsa de Comercio

26/08/2026

Construir patrimonio comienza mucho antes de tener grandes cantidades

Uno de los errores más frecuentes cuando hablamos de inversión es pensar que primero debemos acumular una gran cantidad de dinero para comenzar.

En realidad, construir patrimonio suele depender mucho más de la constancia, el tiempo y la disciplina financiera.
Separar periódicamente una cantidad destinada al futuro puede parecer poco relevante al principio. Sin embargo, cuando se convierte en hábito y se mantiene durante años, comienza a cumplir una función completamente diferente.

Ya no estamos simplemente ahorrando.
Estamos construyendo.

Para quienes buscan desarrollar patrimonio mediante aportes periódicos, existe MACAB Capitalizable, una alternativa diseñada precisamente alrededor de esta lógica.

Te comparto la siguiente información que permite realizar aportes desde ₡25.000 mensuales o US$50 mensuales, y las utilidades generadas se reinvierten automáticamente cada mes generando interés compuesto. Sus plazos van de 5 a 25 años.

Pero más allá del producto, hay una reflexión importante:
el patrimonio generalmente no aparece de un día para otro; se construye decisión tras decisión.

Si desea conocer cómo funciona esta alternativa y valorar si responde a sus objetivos de largo plazo, podemos conversarlo.

Luis Faustino Rojas
Tel: 8937 5705

Call now to connect with business.

¿Cuántas decisiones toma usted cansado sin darse cuenta?Quizá algunas malas decisiones no se deban a falta de inteligenc...
21/08/2026

¿Cuántas decisiones toma usted cansado sin darse cuenta?

Quizá algunas malas decisiones no se deban a falta de inteligencia, experiencia o conocimiento. Tal vez simplemente las tomamos cuando nuestra mente ya estaba cansada de decidir.
Desde que comienza el día elegimos.

Respondemos mensajes, resolvemos problemas, priorizamos pendientes, autorizamos gastos, atendemos personas, participamos en reuniones y enfrentamos situaciones inesperadas.

Algunas decisiones son pequeñas. Otras pueden afectar nuestro dinero, trabajo, familia o futuro.

El problema es que nuestra capacidad de decidir no funciona exactamente igual durante todo el día.

La investigación denomina fatiga decisional al deterioro que puede producirse después de enfrentar numerosas decisiones o una carga mental elevada.

Cuando aparece, algo interesante puede ocurrir: buscamos simplificar.
Postergamos.

Elegimos la alternativa más fácil.

Nos inclinamos por lo conocido.
O simplemente decimos: “mañana lo veo”.

Esto tiene importantes implicaciones profesionales.
Una decisión estratégica tomada después de varias horas de reuniones quizá no reciba el mismo análisis que habría recibido con una mente descansada.

También ocurre con nuestras finanzas.
Después de un día agotador podemos aceptar una compra, una propuesta o una condición sin analizarla suficientemente, no porque carezcamos de conocimientos, sino porque evaluar alternativas también consume esfuerzo mental.

Por eso administrar bien nuestro tiempo quizás no sea suficiente.
También necesitamos aprender a administrar cuándo decidimos.
Las decisiones importantes merecen mejores condiciones.

Antes de resolver algo relevante podríamos preguntarnos:
¿Necesito decidir esto ahora?

¿Estoy evaluando realmente las alternativas o simplemente quiero terminar?

¿Esta decisión tendría el mismo sentido mañana con la mente descansada?

Los buenos profesionales suelen preocuparse por tener información suficiente antes de decidir.

Quizá deberíamos agregar otro requisito:
tener suficiente claridad mental.

No todas las decisiones pueden esperar y la vida difícilmente nos permitirá decidir siempre en condiciones ideales.
Pero reconocer nuestros límites también forma parte de decidir bien.

Porque experiencia no significa solamente saber qué decisión tomar.

También significa aprender cuándo estamos en mejores condiciones para tomarla.

Y algunas decisiones importantes no necesitan más información.
Necesitan una mente menos cansada.

MBA Luis Faustino Rojas Rivas

¿Por qué personas inteligentes también toman malas decisiones con su dinero?Tener experiencia, estudios y conocimientos ...
18/08/2026

¿Por qué personas inteligentes también toman malas decisiones con su dinero?

Tener experiencia, estudios y conocimientos ayuda a tomar mejores decisiones. Pero existe un factor que muchas veces olvidamos: quien finalmente decide no es solamente nuestra inteligencia; también lo hacen nuestras emociones, experiencias y sesgos.

Podemos ser excelentes profesionales, dirigir organizaciones, administrar presupuestos importantes y resolver problemas complejos. Sin embargo, cuando se trata de nuestro propio dinero, no siempre actuamos con la misma racionalidad.

¿Por qué ocurre?
Las finanzas conductuales llevan años estudiando algo fascinante: nuestro cerebro utiliza atajos para tomar decisiones. Son mecanismos útiles para resolver rápidamente muchas situaciones cotidianas, pero también pueden llevarnos a cometer errores.

Uno de ellos es el exceso de confianza.
Después de varios buenos resultados podemos comenzar a pensar que nuestra capacidad para anticipar lo que ocurrirá es mayor de lo que realmente es. Paradójicamente, mientras más seguros estamos de una decisión, menos necesidad sentimos de cuestionarla.

Otro fenómeno es el anclaje.
Imagine una inversión que anteriormente ofrecía una rentabilidad determinada. Aunque las condiciones económicas hayan cambiado, nuestra mente puede continuar utilizando aquella cifra como referencia y considerar poco atractiva cualquier alternativa inferior.

También aparece el comportamiento de rebaño: sentir mayor seguridad haciendo algo porque muchas otras personas también lo están haciendo.

Esto explica por qué una frase como “todo el mundo está invirtiendo ahí” puede resultar psicológicamente más convincente de lo que debería.

Existe además algo todavía más interesante: conocer estos sesgos no significa estar inmunizado contra ellos.
Por eso, antes de una decisión financiera importante quizás deberíamos agregar algunas preguntas diferentes:

¿Estoy analizando información o confirmando lo que ya quería hacer?

¿Esta decisión responde a mi estrategia o a lo que están haciendo los demás?

¿Qué información podría demostrarme que estoy equivocado?

La inteligencia financiera, entonces, no consiste solamente en conocer tasas, rendimientos, mercados, presupuestos o inversiones.
También requiere aprender a observar cómo pensamos cuando decidimos sobre nuestro dinero.

Después de muchos años tomando decisiones profesionales comprendemos que la experiencia tiene un enorme valor. Pero quizá una de sus mayores expresiones de madurez consiste precisamente en reconocer que nuestra experiencia tampoco nos hace infalibles.

Porque algunas de las decisiones financieras más inteligentes comienzan con una pregunta incómoda:

¿Y si estoy equivocado?

MBA Luis Faustino Rojas Rivas

Ser madre, trabajar y sostener un hogar: el esfuerzo que la economía todavía no reconoce plenamenteEn muchas familias, d...
14/08/2026

Ser madre, trabajar y sostener un hogar: el esfuerzo que la economía todavía no reconoce plenamente

En muchas familias, detrás de la estabilidad cotidiana existe una mujer tomando decisiones, organizando recursos, administrando el tiempo y procurando que las necesidades de todos puedan atenderse. Una parte importante de ese esfuerzo genera bienestar y valor económico, aunque nunca aparezca en una planilla.

Ser madre y participar activamente en el mercado laboral implica, para muchas mujeres, desarrollar simultáneamente funciones profesionales, familiares y administrativas.

En Costa Rica esta realidad puede observarse con claridad. El INEC ha documentado que las mujeres dedican aproximadamente el doble de tiempo que los hombres al trabajo doméstico no remunerado.

Esto incluye preparar alimentos, limpiar, organizar el hogar, acompañar procesos educativos, cuidar niños, adultos mayores o personas dependientes y resolver muchas de las necesidades cotidianas de una familia.

Son actividades que no generan necesariamente un salario, pero poseen un valor indiscutible.

Al mismo tiempo, persiste una importante diferencia en la incorporación al mercado de trabajo. Datos del INEC para finales de 2025 e inicios de 2026 mostraban una tasa de participación laboral de 66,0 % para los hombres frente a 42,5 % para las mujeres.
La brecha no puede analizarse únicamente desde el empleo.

También debemos preguntarnos cuánto influyen las responsabilidades de cuidado en las posibilidades que una mujer tiene para estudiar, trabajar tiempo completo, aceptar una promoción, emprender o continuar desarrollando su carrera.

La Organización Internacional del Trabajo ha señalado precisamente esta relación. En 2024 estimó que alrededor de 708 millones de mujeres en el mundo permanecían fuera de la fuerza laboral debido a responsabilidades de cuidados no remunerados.

Reconocer esta realidad no significa restar importancia a la responsabilidad compartida de hombres y mujeres en el hogar.

Significa comprender que distribuir mejor las tareas de cuidado también puede ampliar oportunidades económicas, profesionales y educativas.

Porque cuidar también sostiene la economía.
Detrás de muchas madres hay competencias que cualquier organización valoraría: capacidad de planificación, administración de recursos escasos, negociación, solución de problemas, manejo de crisis, liderazgo y una extraordinaria capacidad para priorizar.

Quizás por eso el reconocimiento a una madre trabajadora debería ir más allá de una fecha especial.

También debería traducirse en condiciones que le permitan continuar desarrollándose profesionalmente, construir patrimonio, cuidar su bienestar y proyectar su propio futuro.

Hoy vale la pena reconocer a esas mujeres que producen, cuidan, administran y, aun con múltiples responsabilidades, continúan construyendo futuro para sus familias y para la sociedad.

MBA Luis Faustino Rojas Rivas

Las decisiones que no tomamos también tienen un costoLa vida profesional y personal no solo cambia por las decisiones qu...
03/08/2026

Las decisiones que no tomamos también tienen un costo

La vida profesional y personal no solo cambia por las decisiones que tomamos. También se transforma por aquellas que dejamos pendientes demasiado tiempo.

Postergar una decisión puede parecer prudente. A veces lo es. Analizar, comparar alternativas y esperar información suficiente forma parte de una buena gestión personal y profesional.

El problema surge cuando la espera deja de ser análisis y se convierte en evasión.

Muchas decisiones importantes no se pierden por haber sido equivocadas, sino por no haberse tomado a tiempo. Mientras una persona espera el momento perfecto, las circunstancias cambian, las oportunidades se reducen y el costo de actuar puede aumentar.

En el ámbito profesional, aplazar una capacitación, una certificación o un cambio de rumbo puede significar quedar rezagado frente a nuevas exigencias del mercado. No porque la experiencia deje de ser valiosa, sino porque necesita actualizarse para seguir produciendo resultados.

En el campo académico, muchas personas interrumpen sus estudios con la intención de retomarlos pronto. Sin embargo, los meses se convierten en años, aumentan las responsabilidades y regresar se vuelve más difícil. El costo no es solamente económico; también puede reflejarse en oportunidades laborales que nunca llegaron.

En las finanzas ocurre algo similar. Postergar el ahorro, evitar revisar una deuda o dejar pendiente una inversión no mantiene la situación intacta. El tiempo sigue avanzando, los intereses se acumulan, la inflación reduce el poder adquisitivo y se pierde la posibilidad de construir con anticipación.

También existen decisiones familiares que se aplazan: conversar sobre responsabilidades, organizar documentos, planificar el cuidado de los padres, establecer límites o resolver conflictos.

Callar puede evitar una incomodidad momentánea, pero suele trasladar el problema hacia el futuro, cuando probablemente será más complejo.

Esto no significa actuar impulsivamente. Significa comprender que no decidir también es una decisión.

Una forma práctica de avanzar consiste en preguntarse:
¿Qué puede ocurrir si mantengo esta decisión pendiente durante seis meses más?
¿Qué opción podría desaparecer mientras espero?
¿Cuál es el costo emocional, financiero o profesional de continuar igual?

No todas las decisiones exigen una respuesta inmediata, pero las decisiones importantes sí necesitan un plazo.

Esperar indefinidamente el momento perfecto puede convertirse en una manera silenciosa de renunciar a oportunidades. Muchas veces, el mejor momento no llega acompañado de certeza absoluta, sino de información suficiente, responsabilidad y disposición para avanzar.

Porque algunas decisiones cuestan por lo que hacemos, pero otras pueden costar mucho más por todo lo que dejamos de hacer.

MBA Luis Faustino Rojas Rivas
Compartiendo experiencia para tomar mejores decisiones de vida, patrimonio y futuro.

31/07/2026

¿Por qué las personas con educación financiera duermen mejor?

La tranquilidad financiera no significa tener una vida sin dificultades, sino contar con mayor claridad para enfrentarlas.

Muchas personas se acuestan cansadas, pero no logran descansar. Mientras el cuerpo intenta dormir, la mente continúa calculando deudas, pagos pendientes, gastos inesperados y decisiones que se han pospuesto durante meses.

La preocupación por el dinero no desaparece al apagar la luz.
La educación financiera puede contribuir al bienestar emocional porque transforma la incertidumbre en información y la preocupación en acciones concretas. No garantiza riqueza inmediata ni elimina todos los problemas económicos, pero permite comprender mejor la situación personal y tomar decisiones con mayor criterio.

Una persona que conoce cuánto gana, cuánto gasta, cuánto debe y cuánto puede ahorrar posee algo muy valioso: control sobre su realidad financiera.

Ese control se fortalece mediante prácticas sencillas:
1. Tener un presupuesto realista
Saber hacia dónde se dirige el dinero reduce la sensación de desorden. Un presupuesto no debe verse como una restricción, sino como una herramienta para decidir conscientemente qué es prioritario.

2. Construir un fondo para imprevistos
Una emergencia médica, una reparación o una reducción temporal de ingresos pueden generar gran ansiedad. Contar con una reserva, aunque inicialmente sea pequeña, brinda seguridad y disminuye la dependencia del crédito.

3. Comprender y administrar las deudas
Ignorar las obligaciones financieras aumenta el temor. Conocer las tasas de interés, los plazos y las consecuencias de cada deuda permite establecer un plan de pago y evitar decisiones impulsivas.

4. Ahorrar e invertir con propósito
Ahorrar no consiste únicamente en acumular dinero. Significa prepararse para objetivos importantes: educación, vivienda, retiro, salud o mayor independencia económica.

5. Conversar sobre dinero
En muchas familias, las finanzas se convierten en una fuente de tensión porque no se hablan con claridad. La comunicación respetuosa ayuda a establecer acuerdos, distribuir responsabilidades y evitar conflictos innecesarios.

Dormir mejor no depende solamente del saldo disponible en una cuenta bancaria. También depende de saber que existe un plan, que las decisiones se están tomando con responsabilidad y que el futuro no se está dejando completamente al azar.

La educación financiera no solo mejora las finanzas. También puede brindar tranquilidad, confianza y una mayor sensación de bienestar.
Porque, en ocasiones, la verdadera riqueza comienza cuando podemos cerrar los ojos sin sentir que nuestras preocupaciones económicas siguen despiertas.

¿Por qué las personas con educación financiera duermen mejor?La tranquilidad financiera no significa tener una vida sin ...
31/07/2026

¿Por qué las personas con educación financiera duermen mejor?

La tranquilidad financiera no significa tener una vida sin dificultades, sino contar con mayor claridad para enfrentarlas.
Muchas personas se acuestan cansadas, pero no logran descansar.
Mientras el cuerpo intenta dormir, la mente continúa calculando deudas, pagos pendientes, gastos inesperados y decisiones que se han pospuesto durante meses.

La preocupación por el dinero no desaparece al apagar la luz.
La educación financiera puede contribuir al bienestar emocional porque transforma la incertidumbre en información y la preocupación en acciones concretas. No garantiza riqueza inmediata ni elimina todos los problemas económicos, pero permite comprender mejor la situación personal y tomar decisiones con mayor criterio.

Una persona que conoce cuánto gana, cuánto gasta, cuánto debe y cuánto puede ahorrar posee algo muy valioso: control sobre su realidad financiera.

Ese control se fortalece mediante prácticas sencillas:
1. Tener un presupuesto realista
Saber hacia dónde se dirige el dinero reduce la sensación de desorden. Un presupuesto no debe verse como una restricción, sino como una herramienta para decidir conscientemente qué es prioritario.

2. Construir un fondo para imprevistos
Una emergencia médica, una reparación o una reducción temporal de ingresos pueden generar gran ansiedad. Contar con una reserva, aunque inicialmente sea pequeña, brinda seguridad y disminuye la dependencia del crédito.

3. Comprender y administrar las deudas
Ignorar las obligaciones financieras aumenta el temor. Conocer las tasas de interés, los plazos y las consecuencias de cada deuda permite establecer un plan de pago y evitar decisiones impulsivas.

4. Ahorrar e invertir con propósito
Ahorrar no consiste únicamente en acumular dinero. Significa prepararse para objetivos importantes: educación, vivienda, retiro, salud o mayor independencia económica.

5. Conversar sobre dinero
En muchas familias, las finanzas se convierten en una fuente de tensión porque no se hablan con claridad. La comunicación respetuosa ayuda a establecer acuerdos, distribuir responsabilidades y evitar conflictos innecesarios.

Dormir mejor no depende solamente del saldo disponible en una cuenta bancaria. También depende de saber que existe un plan, que las decisiones se están tomando con responsabilidad y que el futuro no se está dejando completamente al azar.

La educación financiera no solo mejora las finanzas. También puede brindar tranquilidad, confianza y una mayor sensación de bienestar.
Porque, en ocasiones, la verdadera riqueza comienza cuando podemos cerrar los ojos sin sentir que nuestras preocupaciones económicas siguen despiertas.

MBA Luis Faustino Rojas Rivas
Compartiendo experiencia para tomar mejores decisiones de vida, patrimonio y futuro.

Las tres decisiones financieras que pueden cambiar una vida en diez añosDiez años pueden parecer mucho tiempo, pero en l...
27/07/2026

Las tres decisiones financieras que pueden cambiar una vida en diez años

Diez años pueden parecer mucho tiempo, pero en la vida financiera suelen pasar más rápido de lo que imaginamos. Durante ese periodo, una persona puede cambiar de empleo, formar una familia, adquirir deudas, aumentar sus ingresos o acercarse a la jubilación.

La diferencia no siempre estará en cuánto dinero ganó, sino en las decisiones que tomó con lo que tenía.

1. Decidir vivir por debajo de los ingresos
No significa renunciar a disfrutar la vida, sino evitar que cada aumento salarial se convierta automáticamente en mayores gastos.

Una persona puede recibir más ingresos durante años y, aun así, no construir patrimonio porque también aumentó su nivel de consumo. Crear una diferencia constante entre lo que se gana y lo que se gasta permite ahorrar, invertir y enfrentar imprevistos sin depender permanentemente del crédito.

La estabilidad comienza cuando dejamos de gastar todo lo que recibimos.

2. Decidir invertir con constancia
Muchas personas esperan tener una gran cantidad de dinero para comenzar a invertir. Sin embargo, el tiempo y la disciplina pueden ser más importantes que el monto inicial.

Invertir periódicamente durante diez años permite desarrollar hábitos, aprovechar el crecimiento acumulado y avanzar hacia objetivos concretos: educación, vivienda, emprendimiento, jubilación o independencia financiera.

No se trata de buscar ganancias rápidas ni de perseguir únicamente la tasa más alta. Se trata de seleccionar alternativas comprensibles, diversificadas y acordes con el plazo, la capacidad económica y la tolerancia al riesgo de cada persona.

3. Decidir protegerse antes de que llegue una crisis
Una enfermedad, la pérdida del empleo, una emergencia familiar o una deuda mal administrada pueden afectar años de esfuerzo.

Por eso, construir un fondo para emergencias, controlar las obligaciones financieras, contar con seguros adecuados y ordenar los documentos familiares también forma parte de una buena estrategia.

Proteger el patrimonio es tan importante como hacerlo crecer.
Estas tres decisiones parecen sencillas, pero requieren constancia: gastar menos de lo que se recibe, invertir con propósito y prepararse para los imprevistos.

Dentro de diez años, probablemente no recordaremos cada compra realizada. Pero sí veremos las consecuencias de haber actuado o de haber postergado cuando todavía teníamos tiempo.

El futuro financiero no cambia únicamente por una gran oportunidad. Con frecuencia cambia por pequeñas decisiones correctas, repetidas durante suficientes años.

MBA Luis Faustino Rojas Rivas
Compartiendo experiencia para tomar mejores decisiones de vida, patrimonio y futuro.

Invertir no es para hacerse rico; es para no llegar pobre al futuroCuando se habla de invertir, muchas personas imaginan...
20/07/2026

Invertir no es para hacerse rico; es para no llegar pobre al futuro

Cuando se habla de invertir, muchas personas imaginan grandes fortunas, operaciones sofisticadas o historias de quienes multiplicaron su dinero rápidamente.

Esa visión puede provocar dos reacciones: algunos desean enriquecerse cuanto antes y otros piensan que invertir no es para ellos.

Pero existe una forma más realista de entenderlo:
Invertir no debería comenzar preguntándonos cuánto queremos ganar, sino cómo queremos vivir en el futuro.

Durante 30 o 40 años muchas personas trabajan, reciben ingresos, pagan sus obligaciones, educan a sus hijos y procuran ahorrar algo. Sin embargo, pocas se detienen a pensar qué ocurrirá cuando llegue el momento en que ya no quieran o no puedan trabajar con la misma intensidad.

Ahí aparece un riesgo del que se habla poco: llegar al futuro con recursos insuficientes para mantener nuestra calidad de vida.
Además, el dinero pierde poder adquisitivo con el tiempo. Lo que hoy podemos comprar con determinada cantidad probablemente costará mucho más dentro de 10, 20 o 30 años.

Por eso, invertir no significa necesariamente buscar riqueza.
Significa procurar que una parte del esfuerzo realizado durante nuestra vida productiva continúe trabajando a nuestro favor.

Una inversión bien planificada puede ayudarnos a complementar una pensión, enfrentar gastos de salud, conservar independencia económica, apoyar a nuestra familia o mantener la libertad de decidir cómo queremos vivir.

Uno de los errores más comunes es creer que debemos tener mucho dinero para comenzar.

Muchas veces el patrimonio se construye exactamente al contrario: poco a poco, con disciplina, constancia y tiempo.

Una persona joven posee un recurso extraordinario: tiempo para construir.

Una persona con más años posee otro igualmente valioso: experiencia para tomar mejores decisiones.

Pero invertir también exige prudencia.
No se trata de colocar el dinero en cualquier alternativa. Debemos comprender dónde invertimos, cuáles son los riesgos, el plazo, la liquidez, el respaldo y si esa decisión realmente corresponde con nuestros objetivos personales.

Porque existe una diferencia enorme entre ganar dinero y construir seguridad financiera.

Hay personas que durante su vida tuvieron buenos ingresos, pero nunca lograron transformar parte de esos ingresos en patrimonio.

Y cuando disminuye su capacidad para trabajar, también disminuye su tranquilidad.

Por eso, la verdadera riqueza quizá no consista únicamente en acumular dinero.

Puede significar llegar a cierta etapa de la vida y poder decidir.
Trabajar porque queremos y no porque estamos obligados.
Y conservar algo que con los años se vuelve cada vez más valioso:
la tranquilidad.

Invertir no es necesariamente para hacerse rico.
Es para evitar que el futuro nos encuentre sin los recursos suficientes para vivir con dignidad, libertad y calidad de vida.

El mejor momento para pensar en nuestro futuro financiero no es cuando lleguemos a él.

Es hoy.

MBA Luis Faustino Rojas Rivas
Compartiendo experiencia para tomar mejores decisiones de vida, patrimonio y futuro.

Tener temor de invertir no significa estar equivocadoHay decisiones que no se postergan por falta de interés, sino por t...
15/07/2026

Tener temor de invertir no significa estar equivocado

Hay decisiones que no se postergan por falta de interés, sino por temor a perder aquello que ha costado muchos años construir.

Cuando una persona piensa en invertir, no analiza únicamente una posible rentabilidad. También piensa en su seguridad, en su familia, en los sacrificios realizados y en la posibilidad de cometer un error con un patrimonio que representa una parte importante de su vida.

Por eso, sentir temor ante una inversión desconocida no es una señal de debilidad ni de falta de visión.

Muchas personas desean obtener mejores resultados con su dinero, pero sienten temor de salir de lo conocido.

Durante años han confiado en cuentas de ahorro, certificados o alternativas bancarias tradicionales. Aunque observan otras posibilidades, prefieren no avanzar porque tienen dudas sobre el respaldo, el funcionamiento, los riesgos o la posibilidad de recuperar su dinero.

Ese temor no debe ser motivo de crítica.
En muchos casos, no se trata de falta de interés ni de excesivo conservadurismo. Se trata de falta de información, experiencias negativas anteriores o del deseo legítimo de proteger un patrimonio que costó muchos años construir.

A lo largo de mi experiencia profesional he comprendido que una persona no supera sus dudas mediante presión comercial. Las supera cuando recibe explicaciones claras, puede hacer todas sus preguntas y dispone de información verificable para tomar su propia decisión.

Antes de considerar una alternativa diferente, conviene comprender:

• Cómo funciona la inversión.
• De dónde provienen sus resultados.
• Qué respaldo posee.
• Cuáles son sus riesgos.
• Durante cuánto tiempo debe mantenerse.
• Qué ocurre si se necesita el dinero anticipadamente.
• Quiénes participan en la operación.
• Cómo se recibe seguimiento después de invertir.

La confianza no se construye diciendo que algo es seguro. Se construye explicando con transparencia lo favorable, lo desfavorable y las condiciones que deben cumplirse.

Invertir fuera de lo conocido no significa actuar de manera irresponsable. Pero tampoco debería hacerse únicamente porque alguien ofrece una cifra atractiva.

El primer paso puede ser simplemente informarse y comparar.
Una buena asesoría no debería obligarlo a invertir. Debería ayudarlo a comprender mejor sus opciones y a reconocer cuál de ellas se ajusta realmente a su situación.
El temor disminuye cuando aparece la claridad.

Luis Faustino Rojas Rivas
Compartiendo experiencia para tomar mejores decisiones de vida, patrimonio y futuro

Dirección

Vasquez De Coronado, San José.
San José
1135

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Luis Faustino Rojas Rivas, Asesor Puesto Bolsa de Comercio publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto La Empresa

Enviar un mensaje a Luis Faustino Rojas Rivas, Asesor Puesto Bolsa de Comercio:

Atajos

Compartir