30/06/2021
Por allá en el 2017, mis finanzas personales eran un mierdero.
Trabajaba para pagar a los bancos un par de créditos que saqué para montar un negocio (que fracasó) y para comprar un segundo apartamento. Y me daba uno que otro gusto pequeño y nada más.
Cansado de la situación que había generado mis decisiones estúpidas, un día me pregunté: ¿será que no hay un curso o alguna cosa allá afuera que me enseñe a dejar de cagarla en términos de dinero?
Encontré y tomé varios cursos que cambiaron mi perspectiva. De ahí, salí con 2 objetivos: no tener deuda y hacer que el dinero trabaje para mi.
El primero lo logré en febrero del 2019. Me tomó 2 años lograrlo y quitar esa presión de la deuda cambia mucho la sensación frente al dinero.
El segundo, empecé a aplicarlo en mayo del 2018, cuando invertí en una operación de factoring que me dejó una rentabilidad que nunca me daría una entidad financiera.
Aún le sigo metiendo dinero al factoring porque lo entiendo y funciona. También probé con acciones, finca raíz y hasta bitcoin. Y sigo aprendiendo de estos hasta entenderlos.
Ahora tengo un tercero: usar la deuda para crear riqueza. Estoy revisando éste con calma para minimizar el riesgo de cometer errores.
Toda esta historia termina en una conclusión: nada de esto habría pasado sin ejecutar la idea inicial de buscar algo para tener resultados diferentes.
La idea por si sola no vale nada. El valor de la idea está en su ejecución.