Cuando se habla de emprendimiento social, hacemos referencia a empresas u organizaciones que aplican estrategias de mercado para alcanzar un objetivo social. Dentro de la esfera de los emprendimientos sociales están, tanto las organizaciones con fines que utilizan modelos de negocio para alcanzar su misión y las sin fines de lucro lucro cuyo propósito principal es de carácter social. Estos emprend
imientos se trazan objetivos que son al mismo tiempo sociales/medioambientales y financieros. Los emprendimientos sociales se diferencian de los emprendimientos comerciales ya que su objetivo social o medioambiental siempre se encuentra en el seno de sus operaciones y de sus motivaciones. Un emprendimiento social tiene la misma estructura organizativa que una empresa tradicional (maximizadoras de beneficios o EMB), se gestiona de igual manera, emplea trabajadores, produce bienes y servicios y los vende a sus clientes a un precio coherente con su objetivo, compitiendo en mercados competitivos y libres, posiblemente junto a otras EMB. El objetivo de maximizar el beneficio social sustituye al de alcanzar el máximo beneficio económico posible. Son empresas como cualquier otra EMB y deben recuperar todos sus costos sin olvidar su objetivo social. Por tanto, el concepto de empresa social se basa en la idea de que manejar una empresa conlleva una forma de actuar y pensar muy diferente a cuando se trata de una obra de caridad y, sobretodo, en la idea de que una empresa social no debe depender de un flujo constante de donaciones, sino que sólo necesita una “empujón” para alzar vuelo y emprender un camino hacia la auto-sostenibilidad financiera y operativa. La Fundación Progreso es una organización sin fines de lucro que tiene como misión impulsar iniciativas y programas de impacto, dirigidas hacia la construcción de comunidad, con el fin de luchar contra la pobreza y la desigualdad, primoritariamente en el área nacional.