29/03/2025
Es hora de compartir algunas reflexiones, con la esperanza de sumar aliados. Porque el problema también es la puerta de entrada a un gran futuro y que construir en Argentina sea más fácil.
1. Los precios de la construcción se duplicaron y ya no es negocio para la mayoría.
2. La industria está atrasada: pocas empresas aplican tecnología, eficiencia y un análisis riguroso de costos.
3. Nada es caro o barato en sí mismo, sino apreciado o depreciado según la capacidad de compra del mercado. Si el país creciera y se pagaran 5.000 USD/m², a nadie le preocuparía el costo actual.
4. El problema real de las empresas es la licuación de sus ganancias, que ante la falta de previsibilidad de sus procesos hace que el riesgo sea inaceptable.
5. En este escenario, las soluciones más eficientes ganaron terreno: no se enfocan solo en el precio de la materia prima, sino en la optimización integral del proceso.
6. La discusión escaló cuando algunos referentes del Real Estate criollo propusieron importar casas de China y muchos fabricantes locales se sumaron a la polémica.
7. La construcción modular e industrializada genera sorpresa en algunos, rechazo en unos pocos y gran interés en la mayoría de quienes buscan dejar de alquilar.
8. ¿Y China? Obviamente debemos apelar a la fábrica del mundo, cuna de la mayoría de los productos del planeta, pero nuestro estudio –basado en experiencias y casos de éxito– prueba que la solución es parcialmente China, pero bajo un modelo de proveedores al estilo de la industria automotriz.
9. ¿El Estado? Esta gestión no interviene, dejando hacer a los privados. (Bien) Pero para integrar producción local con volumen y calidad importada, aún hay que eliminar barreras y regulaciones innecesarias.
10. ¿Y Bahía Blanca? Simple: el pueblo argentino demuestra solidaridad ante catástrofes, pero en el ámbito empresarial la solidaridad es un bien escaso.
La solución no es simple, sino compleja y multidimensional.
Debemos unir a los expertos, a los formadores de opinión, a los desarrolladores y al mercado financiero, los inversionistas y los bancos que apenas están asomando la nariz.
La oportunidad está servida. ¿Quién se une para tomarla?