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02/02/2026

Una de las evidencias más claras y confiables de que una mujer ha nacido de nuevo no es principalmente su apariencia externa, su vocabulario cristiano o su participación en actividades, sino algo que ocurre en lo secreto del alma: un hambre real por la Palabra de Dios.
La Biblia enseña que, antes de la obra salvadora del Señor, el ser humano no solo estaba “débil”, sino mu**to espiritualmente:

📖 Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais mu**tos en vuestros delitos y pecados.
Efesios 2:1

Esto es clave: una persona mu**ta puede tener religión, puede tener emociones, incluso puede tener costumbres cristianas, pero no tiene apetito por Dios. Por naturaleza, el corazón caído no ama la voz de Dios; la evade, la ignora o la reemplaza por cualquier otra cosa.

Pero cuando Dios salva, no solo cambia conductas: da vida. Y donde hay vida espiritual, inevitablemente aparecen nuevos deseos. Por eso Pedro escribe:

📖 Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.
1 Pedro 2:2

Así como un bebé vivo llora por leche porque la necesita, una mujer nacida de nuevo llega a reconocer que la Palabra no es un accesorio, sino alimento. La Escritura se vuelve indispensable porque allí el creyente oye a su Señor. Jesús lo dijo claramente:

📖 No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Mateo 4:4

La mujer regenerada no busca la Biblia solo para sentirse motivada, sino para ser alimentada, corregida y transformada. Ella aprende que Dios santifica por medio de Su Palabra:

📖 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Juan 17:17

Por eso, esta hambre por las Escrituras no es superficial: produce fruto. Produce convicción de pecado, reverencia, humildad, obediencia, discernimiento y una mayor dependencia de Cristo. No se conforma con frases bonitas, porque su alma pide verdad; no se satisface con “contenido cristiano”, porque anhela a Cristo mismo.

La Palabra no es solo un libro para ella: es la voz del Pastor. Y por eso Jesús dijo:

📖 Mis ovejas oyen Mi voz… y Me siguen.
Juan 10:27

🌿 Amada hermana, si el Espíritu Santo ha encendido en ti este deseo (aunque sea pequeño) dale gloria a Dios, porque el hambre por la Palabra es evidencia de que Él ha obrado vida en ti. Y si hoy notas frialdad, no lo escondas ni lo maquilles: ve a Cristo en arrepentimiento. Él no solo salva; Él también despierta el apetito, sostiene al débil y fortalece al que le busca.

✨️ Porque una mujer nacida de nuevo no está satisfecha con menos… ella quiere a Cristo, y lo busca donde Él habla: en Su Palabra.

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02/02/2026

Hay un peligro sutil en la vida cristiana: seguir usando palabras piadosas mientras el corazón se ha ido retirando silenciosamente de la presencia de Dios. Seguimos “orando”, pero ya no escuchamos. Seguimos hablando, pero ya no adoramos. Seguimos pidiendo, pero ya no nos rendimos. La oración, sin darnos cuenta, se convierte en una conversación con nosotras mismas.

Jesús nos dejó una advertencia solemne acerca de esto en Lucas 18:9–14. Allí describe al fariseo que “puesto en pie, oraba consigo mismo” (v. 11). Nota bien esa expresión: no oraba a Dios, sino consigo mismo. Sus palabras estaban llenas de lenguaje religioso, pero su corazón estaba centrado en su propia justicia. No confesó pecado, no clamó por misericordia, no adoró al Señor; simplemente se comparó con otros y se exaltó a sí mismo: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres…”.

Ese es el retrato de una oración vacía: mucho “yo”, poca dependencia; mucha autoafirmación, cero arrepentimiento.

Jesús también advirtió contra este tipo de oración en Mateo 6:5–7, donde confronta a quienes oran para ser vistos y a quienes multiplican palabras vacías, como si el poder estuviera en la cantidad del discurso. No es que Dios se impresione con frases largas o expresiones emocionales. Él mira el corazón (1 Samuel 16:7). Cuando la oración pierde su enfoque en Dios y se centra en el yo, deja de ser comunión y se transforma en autoexpresión religiosa.

La Escritura enseña que la verdadera oración nace de una relación viva con Dios. No es un ejercicio terapéutico ni un desahogo emocional (aunque muchas veces te desahogas emocionalmente); es un acto de adoración, dependencia y sumisión. Orar es acercarnos al trono de la gracia (Hebreos 4:16), conscientes de nuestra necesidad y de Su suficiencia. Es presentarnos delante del Dios santo, no para afirmarnos a nosotras mismas, sino para ser conformadas a Su voluntad.

Muchas veces nuestras oraciones revelan más de nuestro corazón que de nuestra fe. Santiago dice: “Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Cuando nuestras oraciones giran constantemente alrededor de nuestros deseos, planes y comodidades, estamos usando a Dios como un medio y no adorándolo como el fin. Eso no es oración bíblica; eso es egocentrismo espiritual.
Una oración que solo gira alrededor de mí (mis heridas, mis sueños, mis frustraciones, mis metas) no es comunión con Dios; es introspección con lenguaje cristiano.

🔥 La oración verdadera nos descentra, nos destrona. Nos coloca frente a la santidad de Dios y revela nuestra pequeñez. Isaías no salió de la presencia del Señor sintiéndose empoderado, sino quebrantado: “¡Ay de mí!” (Isaías 6:5). Cuando Pedro reconoció quién era Jesús, cayó de rodillas (Lucas 5:8). La presencia real de Dios siempre produce humildad, arrepentimiento y rendición.

Somos tan inutiles y dependientes de Dios que incluso nuestra capacidad de orar correctamente es un regalo de gracia. Romanos 8:26 nos recuerda que el Espíritu mismo intercede por nosotras cuando no sabemos cómo orar. Esto destruye cualquier idea de autosuficiencia espiritual. La oración auténtica depende del Espíritu, se apoya en la obra de Cristo y busca la gloria del Padre.

Cristo es el centro de toda oración verdadera. Oramos en Su nombre no como una fórmula, sino porque solo por medio de Él tenemos acceso al Padre (Juan 14:6). Si nuestras oraciones no están moldeadas por Su carácter, Su Palabra y Su obra redentora, corremos el riesgo de estar hablando al aire.

🌿 Amada hermana, examina tu vida de oración. ¿Está saturada de Escritura o de pensamientos personales? ¿Produce arrepentimiento o solo alivio emocional? ¿Te lleva a obedecer o simplemente a sentirte mejor? La oración que agrada a Dios transforma el corazón, somete la voluntad y nos conforma a Cristo.

No fuimos llamadas a tener diálogos internos religiosos, sino comunión viva con el Dios trino.

✨️ Que el Señor nos conceda corazones humildes, oídos atentos y una vida de oración que nazca de Su Palabra, dependa de Su Espíritu y exalte a Su Hijo. Que nuestras oraciones no sean ecos de nuestro propio pensamiento, sino respuestas reverentes a la voz del Dios vivo.

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01/27/2026

Es lamentable que hoy en dia, en la mayoría de hogares e iglesias cristianas se ha reducido peligrosamente la enseñanza bíblica de los niños a simples relatos morales. A muchos niños se les enseña qué hizo David, qué construyó Noé o qué desobedeció Jonás, pero no siempre se les enseña quién es Dios, quién es Cristo, qué es el pecado, qué es la salvación y por qué el evangelio es absolutamente necesario. Sin embargo, la Escritura nunca separa la historia de la doctrina, porque toda la historia bíblica existe para revelar a un Dios santo que salva pecadores por medio de Su Hijo.

Los niños no solo necesitan conocer historias bíblicas; necesitan doctrina sólida. Necesitan una teología que les enseñe que Dios es soberano, santo, eterno e inmutable. Necesitan soteriología para entender que no son “buenos niños” que necesitan ayuda, sino pecadores que necesitan un Salvador. Necesitan hamartiología para comprender la gravedad del pecado y por qué el mundo está quebrantado. Necesitan cristología para saber que Jesús no es solo un personaje amable, sino el Hijo eterno de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, el único mediador entre Dios y los hombres.

La fe de nuestros hijos no se fortalece con sentimentalismo, sino con verdad. La Escritura dice que “la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Cristo” (Romanos 10:17). No por actividades atractivas, ni por mensajes diluidos, sino por la Palabra proclamada fielmente. Cuando sembramos doctrina en sus corazones desde temprana edad, estamos formando convicciones profundas, no emociones pasajeras.

Esto es especialmente urgente porque nuestros hijos crecerán en un mundo que no es neutral. La Escritura es clara: el mundo no ama a Dios ni a Su verdad. Jesús mismo dijo que el mundo lo odiaba a Él, y odiará a los que le pertenecen (Juan 15:18–19). Si nuestros hijos solo conocen historias, pero no entienden la verdad doctrinal que las sostiene, estarán desarmados cuando enfrenten preguntas difíciles, burlas, presión cultural y ataques directos contra la fe cristiana.

Pero cuando un niño entiende, aunque sea de manera sencilla, que Dios es el Creador y Dueño de todo, que el pecado es una ofensa contra un Dios santo, que Cristo murió en lugar de pecadores y que la salvación es por gracia mediante la fe, ese niño está siendo equipado para permanecer firme. No para debatir con arrogancia, sino para responder —como exhorta Pedro— “con mansedumbre y reverencia” (1 Pedro 3:15), con un corazón anclado en la verdad.

✨️ Querida hermana, enseñar doctrina no es cargar a tus hijos con conceptos fríos o académicos; es amar sus almas. Es preparar su mente y su corazón para que conozcan al verdadero Dios y confíen en el verdadero evangelio. La doctrina no apaga la fe infantil; la protege, la profundiza y la sostiene cuando las emociones fallan.

Que el Señor nos conceda la gracia de no conformarnos con una fe superficial para nuestros hijos, sino de instruirlos diligentemente en toda la verdad de Su Palabra. Porque un día ellos crecerán, el mundo les hablará fuerte, y solo una fe arraigada en la doctrina bíblica los mantendrá firmes en Cristo, para la gloria de Dios y el bien eterno de sus almas.

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01/27/2026

Es cierto: una mujer creyente debe buscar a Dios en su casa. La oración privada, la lectura bíblica personal y la comunión íntima con el Señor no son opcionales; son parte de una vida piadosa. Cristo mismo nos enseñó a orar en secreto (Mt. 6:6), y los santos de todas las épocas han cultivado una vida devocional “a solas” con Dios.

Sin embargo, hay un gran error cuando esa hermosa verdad se convierte en excusa para abandonar la iglesia. Porque una cosa es decir: “Yo busco a Dios en casa”, y otra muy distinta es decir: “Por eso no necesito congregarme.”

La Biblia no presenta la iglesia como un evento social ni como una tradición religiosa, sino como una realidad espiritual gloriosa: la iglesia es el cuerpo de Cristo. No es perfecta, porque está compuesta por pecadores en proceso de santificación; pero es amada profundamente por el Señor, al punto que:

📖 Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella.
Efesios 5:25

Si Cristo derramó Su sangre por la iglesia, entonces despreciar la iglesia nunca puede ser una postura cristiana saludable, aunque se vista con lenguaje devoto.

Además, la congregación no es un consejo opcional. Es mandamiento. El autor de Hebreos nos exhorta:

📖 No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre…
Hebreos 10:25

Y no solo lo manda: también nos revela el propósito. Congregarnos es el contexto donde Dios nos fortalece mediante los medios de gracia: la predicación de la Palabra, la oración congregacional, la comunión, la exhortación mutua, la disciplina amorosa, y las ordenanzas (como la Cena del Señor). La fe crece cuando somos alimentadas no solo en lo privado, sino también en lo público, bajo el cuidado que Dios estableció.

Muchas veces, cuando alguien dice “yo no necesito ir”, en el fondo hay cansancio, decepción o heridas. Y sí, hay heridas reales. Pero la solución no es aislarse, sino buscar una iglesia bíblica, sana, donde Cristo sea exaltado y Su Palabra sea obedecida. Porque una fe aislada no es necesariamente más profunda; muchas veces es más vulnerable.

La vida cristiana no fue diseñada para vivirse en soledad. Dios no salva “creyentes independientes”; Él salva hijas para injertarlas en una familia. Por eso, hermana, examina con sinceridad: ¿estás evitando la iglesia por amor a Cristo… o por amor a la comodidad? ¿Es convicción bíblica… o es una independencia disfrazada de espiritualidad?

Buscar a Dios en casa es necesario.
Pero negarte a congregarte no es madurez, es desobediencia.

✨️ La frase bíblica no es: “yo puedo sola”.
La frase bíblica es: “Señor, ayúdame a amar lo que Tú amas… y a obedecer aunque me cueste.”

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01/27/2026

Hay verdades bíblicas que confrontan nuestro orgullo y, al mismo tiempo, traen descanso al alma. Una de ellas es esta: nadie busca a Dios por naturaleza, y nadie le ama verdaderamente a menos que Él lo haya amado primero.

La Escritura dice:

📖 No hay justo, ni aun uno… no hay quien busque a Dios.
Romanos 3:10–11

Esto significa que el ser humano caído no solo está “desorientado” espiritualmente. Está mu**to en sus delitos y pecados (Efesios 2:1), con un corazón rebelde, incapaz y sin deseo de someterse al Dios verdadero. Podemos buscar bendiciones, soluciones, alivio emocional o una vida menos difícil… pero buscar a Dios como Dios, amar Su santidad y rendirnos a Su voluntad, eso no nace del corazón humano.

Por eso, si hoy tú estás en Cristo, debes saber esto: tú no llegaste a Dios por tu propia iniciativa. Dios vino por ti primero.

Jesús dijo:

📖 Nadie puede venir a mí si el Padre… no lo trae.
Juan 6:44

Qué humillante, sí… pero también ¡qué glorioso! Porque si dependiera de nosotras, jamás vendríamos. Nuestra salvación no comenzó con un deseo nuestro, sino con una misericordia soberana. Dios no nos amó porque vio algo digno en nosotras. Nos amó cuando éramos pecadoras, indiferentes, y aun enemigas.

📖 Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Romanos 5:8

🌟 Esto nos lleva al centro del evangelio: Cristo es el que buscó lo que estaba perdido. Él no esperó a que nosotras mejoráramos. Él descendió. Se humilló. Vivió en obediencia perfecta. Y cargó nuestra culpa en la cruz para convertir mujeres rebeldes en hijas amadas.

Y por eso Juan afirma:

📖 Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.
1 Juan 4:19

✨️ Hermana, tu amor por Dios no es la causa de tu salvación: es el fruto. La razón por la que hoy le deseas, le adoras y quieres obedecerle —aunque sea con debilidad— es porque Su gracia hizo en ti lo que jamás podrías producir sola.

Esta verdad debe producir en nosotras tres cosas:

✨️Humildad: no hay lugar para jactarnos.

✨️ Gratitud: todo lo recibimos por gracia.

✨️ Descanso: si Dios te amó cuando tú no le buscabas, no dejará de amarte cuando luchas.

Tu seguridad no está en la intensidad de tu amor, sino en la fidelidad del Dios que te amó primero.

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01/06/2026

Al comenzar un nuevo año, es natural pensar en metas, propósitos y resoluciones. Sin embargo, la Escritura nos invita a algo más profundo que simples ajustes externos: nos llama a una transformación del corazón que fluye de nuestra unión con Cristo. No se trata de cambiar para ser aceptadas por Dios, sino de cambiar porque ya hemos sido aceptadas en Él (Romanos 8:1).

1. Cambiar el enfoque: de nosotras mismas a la gloria de Cristo

Con frecuencia iniciamos un nuevo año preguntándonos: ¿Qué quiero lograr? ¿Qué necesito mejorar? ¿Qué me hará sentir realizada? Pero la vida cristiana no gira en torno al “yo”, sino a Cristo. Pablo declara: “Porque para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21).
Este 2026 somos llamadas a examinar si nuestras decisiones, agendas y deseos están centrados en nuestra comodidad o en la gloria de Aquel que nos redimió. Cuando Cristo ocupa el centro, nuestras prioridades se ordenan, y nuestra vida adquiere un propósito eterno.

2. Cambiar la fuente de seguridad: del control propio a la soberanía de Dios

Muchas mujeres viven cargadas por la necesidad de tener todo bajo control: el hogar, los hijos, el matrimonio, el ministerio, el futuro. Pero la Escritura nos recuerda que nuestra paz no proviene de controlar las circunstancias, sino de confiar en un Dios soberano que gobierna todas las cosas con perfecta sabiduría (Proverbios 3:5–6).
Cambiar en este nuevo año implica soltar el peso del control y descansar en la fidelidad de Dios, recordando que “Él hace todas las cosas conforme al designio de Su voluntad” (Efesios 1:11).

3. Cambiar la manera de vivir: de la conformidad al mundo a la santidad progresiva

El mundo nos invita constantemente a adaptarnos a sus valores, ritmos y prioridades. Pero la Palabra es clara: “No se conformen a este mundo, sino sean transformadas mediante la renovación de su mente” (Romanos 12:2).
Este 2026, el llamado no es a una santidad superficial, sino a una obediencia que nace del amor por Cristo. La santificación no es instantánea, pero sí intencional. Día a día, el Espíritu Santo nos conforma a la imagen de Cristo, usando incluso las pruebas y las luchas para hacernos más semejantes a Él (Romanos 8:29).

✨️ Entrar al 2026 no significa dejar atrás solo un calendario, sino rendir nuevamente nuestra vida al Señor. Cambiar el enfoque, la fuente de seguridad y la manera de vivir no es una carga, sino un fruto de la gracia. Que este nuevo año nos encuentre menos aferradas al mundo y más rendidas a Cristo, porque en Él está nuestra vida, nuestra esperanza y nuestra verdadera transformación.

¡Feliz año nuevo! 🎉

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01/06/2026

Dios no dejó al azar la formación espiritual de nuestros hijos, ni delegó esa responsabilidad principalmente a la iglesia local, la escuela dominical o los ministerios infantiles. El primer púlpito de un niño es su hogar, y la primera maestra de las verdades eternas es su madre. Desde el principio, el Señor estableció que Su Palabra debía habitar en el corazón de los padres para luego ser diligentemente enseñada a los hijos (Deuteronomio 6:6–7). Esto no es una sugerencia opcional, sino un mandato santo.

Como madres creyentes, nuestro llamado va mucho más allá de criar niños educados, amables o exitosos; estamos llamadas a formar corazones que conozcan a Cristo, que entiendan su necesidad de arrepentimiento y que aprendan a depender del evangelio. Evangelizar a nuestros hijos no significa asumir que ya creen por crecer en un hogar cristiano, sino anunciarles una y otra vez la verdad de que son pecadores necesitados de un Salvador, y que ese Salvador es Jesucristo, crucificado y resucitado por ellos.

La iglesia es un regalo precioso y cumple un papel importante, pero nunca fue diseñada para reemplazar el discipulado del hogar. Las maestras de escuela dominical refuerzan, acompañan y apoyan, pero no pueden suplir lo que Dios nos encomendó personalmente. Proverbios 22:6 nos recuerda que instruir al niño en su camino es una labor intencional, constante y personal. Nadie conoce el corazón de un hijo como su madre; nadie tiene tantas oportunidades diarias para aplicar la Palabra a la vida real.

Este llamado puede sentirse abrumador, especialmente cuando reconocemos nuestras propias debilidades espirituales. Pero aquí está la buena noticia: no dependemos de nuestra capacidad, sino de la gracia de Dios. Enseñamos no desde la perfección, sino desde la humildad de mujeres que también necesitan el evangelio cada día. Al abrir la Biblia con nuestros hijos, al orar con ellos, al corregirlos con verdad y gracia, estamos apuntándolos no a nosotras, sino a Cristo.

✨️ Querida hermana, tu fidelidad en lo oculto importa eternamente. Cada conversación bíblica, cada oración sencilla, cada vez que llevas a tu hijo a la cruz en lugar de solo corregir su conducta, estás sembrando semillas que Dios, en Su soberanía, usará para Su gloria. No menosprecies este llamado. No lo delegues. Abraza con gozo y reverencia el privilegio de ser instrumento del Señor para mostrar a tus hijos el camino de la vida: Jesucristo.

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11/02/2025

I. La Escritura: el soplo de Dios

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
2 Timoteo 3:16-17

En un mundo donde abundan las voces, la mujer cristiana necesita recordar que solo una voz tiene autoridad suprema: la voz de Dios en su Palabra. Pablo nos dice que toda Escritura es “inspirada”, literalmente soplada por Dios (theopneustos). Cada palabra en la Biblia procede del aliento divino, y por tanto, tiene un peso eterno que ninguna opinión humana puede igualar.

Sola Scriptura no significa que despreciamos los buenos libros o los consejos piadosos, sino que todo debe someterse al filtro de la Palabra. Lo que no armoniza con las Escrituras, por más popular o emocionante que suene, no proviene del Espíritu Santo.

II. La Escritura: suficiente para la vida del creyente

El apóstol Pedro afirma que “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas” por medio del conocimiento de Cristo (2 Pedro 1:3). Esto significa que la Biblia es suficiente: no necesitamos nuevas revelaciones, sueños o voces místicas para conocer la voluntad de Dios.
Cada instrucción para vivir como esposa, madre, hija, sierva o amiga fiel se encuentra ya escrita.
Cuando abrimos la Biblia, Dios mismo nos enseña cómo amar, perdonar, corregir, sufrir, esperar y obedecer. No hay situación en nuestra vida que quede fuera del alcance de su Palabra.

El problema no es que la Escritura sea insuficiente, sino que muchas veces nosotras no la consideramos suficiente. Buscamos fuera de ella lo que solo puede hallarse en Cristo revelado en sus páginas.

III. La Escritura: el espejo que transforma

Hebreos 4:12 nos recuerda que la Palabra es viva y eficaz. No solo informa, sino que transforma. Es el espejo que muestra nuestro pecado y el bálsamo que revela a Cristo como nuestra única esperanza.
Una mujer reformada no mide su fe por emociones ni experiencias, sino por cuánto su vida se somete a la autoridad de la Palabra.
Allí encuentra consuelo en la aflicción, dirección en la confusión, y corrección en la desobediencia.

Cada vez que abrimos la Biblia con reverencia, Cristo mismo nos habla. Nos recuerda que Él es el Verbo eterno, la Palabra encarnada. Por eso, amar la Escritura es amar a Cristo; obedecerla, es honrarlo; vivirla, es reflejar su gloria.

✨️ Querida hermana, ¿qué lugar ocupa la Palabra en tu vida diaria?
✨️ ¿Es la lámpara que guía tus decisiones o un accesorio más en tu rutina?
✨️ Recuerda: sin la Escritura, no hay fe sólida, no hay crecimiento espiritual, y no hay verdadera comunión con Dios.

🔥 Vuelve a la Palabra. No la leas solo para buscar promesas, sino para conocer al Dios de las promesas.
🔥 Deja que ella moldee tu carácter, te confronte en tu pecado, y te guíe a Cristo una y otra vez.

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