09/08/2026
1895 - Mírala bien. No es una foto. Son dos Méxicos en una sola imagen.
A la derecha, de traje negro impecable, sombrero de fieltro en la mano, zapatos boleados aunque con un poco de polvo del camino, está Porfirio Díaz. 65 años. Presidente de México. El hombre que prometió orden y progreso. No posa. No sonríe. Solo observa. Una mano detrás de la espalda, la cabeza ligeramente inclinada, viendo como se construye el México que él soñó: un México de acero.
A la izquierda y al centro, 14 hombres. Sin traje. Sin nombre en los libros de historia. Con camisas de manta sudadas, sombreros de palma gastados, tirantes, botas rotas. Dos de ellos cargan un riel de acero que pesa más que ellos dos juntos. Otros están agachados, con el lomo doblado, clavando durmientes con martillos pesados bajo el sol. Ninguno lo mira. Ninguno mira a la cámara. Siguen trabajando porque si paran, no comen. Tienen las manos llenas de ampollas y los pantalones llenos de tierra.
Al fondo, chiquita, casi como un fantasma, una locomotora de v***r. Echa humo. Ya está lista sobre la vía terminada. Simboliza el futuro. La modernidad. El México que va a Europa en tren.
Los rieles que estos hombres están poniendo a mano, bajo el sol, van a traer esa locomotora. Esa locomotora va a traer fábricas, telégrafo, luz eléctrica, inversión extranjera. México va a tener 19,000 kilómetros de vías férreas gracias a Díaz. Más que nunca en su historia.
Y sin embargo...
Esta foto es la historia del Porfiriato resumida en un segundo.
Para unos, Porfirio Díaz es el presidente que sacó a México del atraso. Que trajo el tren, la luz, el teléfono, el orden. Que hizo que el mundo volteara a ver a México. El hombre que está ahí parado, viendo que su obra se haga bien.
Para otros, es la imagen más clara de la desigualdad que provocó la Revolución. Un hombre limpio, bien vestido, observando como 14 hombres se rompen la espalda por un jornal miserable. El poder mirando el trabajo. El México de arriba mirando al México de abajo construir las vías por las que nunca iba a viajar.
¿Quién tiene la razón?
Los dos.
Porfirio Díaz sí modernizó México. Pero modernizó los rieles, no a la gente. Construyó ferrocarriles que conectaban haciendas con puertos para exportar, pero no escuelas para los hijos de los que ponían esos rieles. Trajo progreso, pero el progreso tenía dueño.
Y esos 14 trabajadores que ves ahí, con la espalda doblada, sin mirar a cámara, son tus bisabuelos. Son los que pusieron cada durmiente de este país. Sin ellos no habría tren. Sin ellos no habría foto. Sin ellos no habría historia. Y sin embargo, nadie recuerda sus nombres.
La próxima vez que veas una vía de tren vieja en México, acuérdate de esta foto. No te acuerdes de Díaz. Acuérdate de los 14.
Porque México no se construyó con discursos en Palacio Nacional. Se construyó a martillazos, bajo el sol, con manos llenas de tierra.
¿Qué ves tú en esta foto? ¿Progreso o injusticia? Te leo en comentarios.