19/03/2025
Cuando te casas con un hombre narcisista, nunca tienes la oportunidad de ser esposa; en cambio, tomas el papel de madre porque estos adultos se comportan como hombres-niños.
Van a trabajar de lunes a viernes y luego pasan sus fines de semana sentados frente a una computadora o celular, descargando música, jugando videojuegos, emborrachandose, o haciendo desastre para que los limpies.
Te encuentras soltera y padre al mismo tiempo, asumiendo la carga de responsabilidades sin el apoyo de un compañero.
Los narcisistas no se casan por amor o sociedad; se casan porque quieren una sirvienta, cocinera, secretaria, banquero y niñera.
Anhelan control, no conexión. Sus deseos egoístas los consumen, dejándote dirigir la casa, criar a los niños y satisfacer todos sus caprichos.
Tus sueños de una relación amorosa e igualitaria se hacen añicos, reemplazados por la dura realidad de la servidumbre.
A medida que los días se convierten en semanas, y las semanas en años, te conviertes en una sombra de tu antiguo yo.
Tu identidad es borrada, reemplazada por los agotadores deberes de manejar la vida de un narcisista.
Estás obligada a sacrificar tus propios deseos, intereses y amistades para acomodar sus demandas.
El parto emocional es sofocante, dejándote drenada, resentida, y preguntándote cómo acabaste en esta pesadilla.
No estás solo en esta lucha.
Muchas mujeres han caído presa de la encantadora fachada de un narcisista, sólo para encontrarse atrapadas en un papel sin amor e ingrato.
Recuerda, te mereces algo mejor.
Te mereces un compañero que te ame, apoye y respete.