03/08/2022
¿Sabes qué es lo mejor de tener ingresos pasivos? “El dinero hace dinero. Y el dinero que hizo dinero, hace dinero” Benjamin Franklin
Tal vez será más fácil entenderlo con la leyenda de ajedrez y los granos de trigo. Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo reinaba en cierta parte de la India un rey llamado Sheram. En una de las batallas en las que participó su ejército perdió a su hijo, y eso le dejó profundamente consternado. Nada lograba alegrarle.
Un día, Sissa le presentó un juego nuevo que, aseguró, conseguiría divertirle y alegrarle de nuevo: El ajedrez. Después de explicarle las reglas y entregarle un tablero con sus piezas, el rey comenzó a jugar y se sintió maravillado y su pena desapareció en gran parte. Sheram, agradecido por tan preciado regalo, le dijo a que como recompensa pidiera lo que deseara.
El sabio contestó con una inclinación. Soy bastante rico como para poder cumplir tu deseo más elevado —continuó diciendo el rey.
Soberano —dijo Sissa—, manda que me entreguen un grano de trigo por la primera casilla del tablero de ajedrez. ¿Un simple grano de trigo? —contestó admirado el rey.
Sí, soberano. Por la segunda casilla, ordena que me den dos granos; por la tercera, 4; por la cuarta, 8; por la quinta, 16; por la sexta, 32…
Basta —le interrumpió irritado el rey—. Recibirás el trigo correspondiente a las 64 casillas del tablero de acuerdo con tu deseo: por cada casilla doble cantidad que por la precedente. Pero has de saber que tu petición es indigna de mi generosidad. Al pedirme tan mísera recompensa, menosprecias, irreverente, mi benevolencia.
Los matemáticos de la corte calculan el número de granos que le corresponde.
Por la mañana comunicaron al rey que el matemático mayor de la corte solicitaba audiencia para presentarle un informe muy importante. Antes de comenzar tu informe —le dijo Sheram—, quiero saber si se ha entregado por fin a Sissa la mísera recompensa que ha solicitado.
Soberano, no depende de tu voluntad el cumplir semejante deseo. En todos tus graneros no existe la cantidad de trigo que exige Sissa. Tampoco existe en los graneros de todo el reino. Hasta los graneros del mundo entero son insuficientes. Si deseas entregar sin falta la recompensa prometida, ordena que todos los reinos de la Tierra se conviertan en labrantíos, manda desecar los mares y océanos, ordena fundir el hielo y la nieve que cubren los lejanos desiertos del Norte. Que todo el espacio sea totalmente sembrado de trigo, y ordena que toda la cosecha obtenida en estos campos sea entregada a Sissa. Sólo entonces recibirá su recompensa.
El rey escuchaba lleno de asombro las palabras del anciano sabio.
Dime cuál es esa cifra tan monstruosa —dijo reflexionando.
¡Oh, soberano! Dieciocho trillones cuatrocientos cuarenta y seis mil setecientos cuarenta y cuatro billones setenta y tres mil setecientos nueve millones quinientos cincuenta y un mil seiscientos quince.
Ese es el poder del interés compuesto. Ese es el cambio radical que puedes darle a tu vida financiera.
Como dijo Charlie Munger, socio de Warren Buffett: “La fortuna no se hace en la compra ni en la venta, sino en la espera”.